Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joaquín Rábago.

Los Verdes se topan con la ‘realpolitik’

Se las prometían muy felices los Verdes antes de las elecciones federales alemanas, pero ahora que son parte de un Gobierno de coalición con dos partidos ideológicamente muy distintos, se han topado con las exigencias de la ‘realpolitik’.

El primer revés les llega de la Comisión Europea, donde tal vez no les quede finalmente más remedio que tragarse el sapo que representa la inclusión de la energía nuclear entre las ecológicamente compatibles.

Aunque la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no tenga ninguna culpa, algún ecologista recuerda que esa política es hija del político cristianodemócrata Ernst Albrecht, quien, como ministro presidente de Baja Sajonia, quiso construir en la localidad de Gorleben un depósito de residuos nucleares.

Durante cuarenta años, los ecologistas de todo el país, no solo los de ese ‘land’, lucharon contra aquel proyecto, y, como señala el semanario ‘Der Spiegel’, aquella lucha, coronada finalmente por el éxito, se convirtió en el mito fundacional de los Verdes.

Ni estos, ni, por lo que parece, tampoco los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz están dispuestos a aceptar en Bruselas que se clasifique una industria potencialmente tan peligrosa como la nuclear como “ecológica” si no es con carácter provisional, es decir mientras se lleva a cabo la transición energética.

“No aceptan que el Gobierno del que forman parte considere la energía nuclear como sostenible”

decoration

Temen ante todo que, al incluirse en esa lista, puedan desviarse hacia el átomo ingentes inversiones tanto privadas como públicas que de otra manera irían exclusivamente a potenciar las energías solar y eólica, en la que los ecologistas tienen puestas todas sus esperanzas.

Su temor no es ya que Francia, que considera la energía nuclear motivo de orgullo nacional, mantenga las centrales que ya funcionan, sino que se inauguren otras nuevas pese a los enormes costes de construcción, el riesgo de accidentes como los de Three Mile Island (EE UU) o Fukushima (Japón) y el problema aún no resuelto de qué hacer con los residuos.

A diferencia de Francia, la anterior Gran Coalición alemana (CDU/CSU y SPD) de Angela Merkel decidió abandonar la opción nuclear y optó por el gas natural como energía de transición, algo que están dispuestos a aceptar provisionalmente los Verdes, para quienes hacer lo mismo con el átomo es renunciar a su razón de ser.

El partido ecologista, sin embargo, se ha topado con la realidad, y es que, para derrotar la propuesta favorable a la inclusión del átomo entre las energías sostenibles, al menos veinte de los veintisiete países con al menos un 65 por ciento de la población total de la UE tendrían que votar en contra, lo que parece imposible.

Los Verdes no aceptan en ningún caso que el Gobierno del que forman parte vote a favor de la clasificación definitiva la energía nuclear como “sostenible” aunque el tercer partido de la coalición de Berlín, los liberales, siempre próximos a la industria, se muestran más flexibles.

Les va en ello a los Verdes su razón de ser. Las bases del partido están ya muy descontentas con el hecho de que en el reparto de ministerios, los Liberales se quedasen no solo con el de Finanzas, sino también con otro tan crucial para la causa ecologista como es el de Transportes.

Consiguieron, eso sí, el de Asuntos Exteriores, para lucimiento de la copresidenta del partido Annalena Baerbock, pero ésta ve ahora cómo el canciller Scholz parece marginarla en el trato con Rusia y China, dos países hacia los que la líder ecologista se muestra mucho más dura que el socialdemócrata por sus políticas de derechos humanos. Una vez más, es la ‘realpolitik’.

Compartir el artículo

stats