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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La presión

La presión

Uno de los efectos colaterales más relevantes –por ahora– de la pandemia de coronavirus es haber demostrado que Galicia tiene un buen sistema de salud pública, pero con defectos en su estructura sanitaria. Algunos son todavía resultado de las obligadas –por la UE– políticas de recorte para evitar en lo posible el incremento del déficit entre 2008 y 2012, y la mayor parte evidenciados por lo grave de la pandemia y las sucesivas apariciones de sus variantes. Pero, a la vez, quedó clara la escasez de recursos humanos y materiales que padece el Sergas, que se deriva entre otros motivos de la considerable emigración de médicos y enfermeras/os a países del entorno europeo.

Tienen peor sanidad, pero mejores sueldos. Aquí se ha pretendido paliar ese déficit mediante los aumentos de turnos –a costa de duras condiciones laborales para el personal– y mediante las contrataciones temporales, que llegaron a medidas tan habituales como inexplicables de contrataciones por jornada e incluso por horas. Y se ha visto obligada la autoridad sanitaria a llamar a personal jubilado e incluso sin especialidad para ocupar actividades de atención y/o seguimiento. Circunstancias extraordinarias exigen, en verdad, medidas extraordinarias, pero ha quedado claro que el sistema no estaba preparado para atender, sobre todo en su inicio, las necesidades.

Galicia, y es justo insistir en ello, ha hecho las cosas bastante mejor que otras comunidades, pero la cuestión no es el lugar que se ocupa en el ránking de eficacia, sino en el de previsión de acontecimientos parecidos en el futuro y de soluciones adecuadas; e incluso para la hipótesis de que lleguen nuevas olas. Cierto que la experiencia es un grado, pero también que no toda es positiva: una parte de ella demostró la dejación de funciones, intencionada por flagrante incapacidad, de un gabinete que eligió diecisiete políticas en lugar de una, seria y coherente. Y habrá de tenerlo en cuenta por si llega otra ola y don Pedro Sánchez sigue ahí.

En este punto es oportuno recordar que en un plazo relativamente breve el sistema sanitario gallego verá jubilarse a un número muy importante de médicos/as y enfermeras/os, expectativa que agravará mucho la situación actual y desde luego la presión hospitalaria. Incluso aunque ceda la pandemia. A causa de lo que está pendiente, en espera, y que quedó pendiente estos dos años por la prioridad –lógica– otorgada a la lucha contra el virus. Algo que, por cierto, apunta a la necesaria reflexión sobre el modelo actual en lo que a las carreras profesionales se refiere.

En concreto, no son pocos los que cuestionan, sin ir más lejos, el sistema de numerus clausus en las facultades correspondientes y desde luego también el MIR. Un sistema que deja en un extraño limbo a los licenciados que no superen sus pruebas pero que tienen un título que ratifica su condición de licenciados en Medicina y Cirugía y que no ha resuelto la escasez creciente de especialistas en diversas y necesarias especialidades hospitalarias. De ahí que se haya solicitado ya, aunque sin entrar a fondo, una reforma del sistema, petición aderezada con alusiones a que el actual responde de algún modo a criterios endogámicos. Sea como fuere, es probable que la presión se extienda: ya se verá.

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