Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Los ecologistas debaten sobre planes de acción más radicales

La última conferencia sobre el cambio climático celebrada en Glasgow fue para muchos ecologistas un nuevo fiasco, que los lleva a plantearse a algunos planes de acción más radicales.

Uno de ellos es el conocido biólogo sueco Andreas Malm, profesor de Ecología Humana en la Universidad de Lund y autor del libro “Cómo reventar un oleoducto”.

Malm ha apelado en los medios de comunicación a acciones de sabotaje contra las infraestructuras utilizadas en el transporte de hidrocarburos (1).

Su principal argumento es que cuando alguien coloca en tu casa una bomba con espoleta retardada como es, según los científicos, el cambio climático, tienes derecho a desactivarla antes de que sea demasiado tarde.

Si una industria como es la del petróleo destruye la base misma de la existencia humana, acabar con ella constituye un derecho moral. Y si el Estado no actúa, la gente tendrá que hacerlo.

Otro ecologista, el alemán Tadzio Müller, advirtió en recientes declaraciones al semanario “Der Spiegel” del peligro de radicalización de ese movimiento, que podría llevar a cabo incluso acciones terroristas ante la inactividad de la política.

Para Müller, Malm y otros militantes del movimiento ecologista, esa inactividad de los poderes públicos se debe a que estos dan siempre prioridad a los intereses inmediatos de la industria sin preocuparse de las próximas generaciones.

Algo que, por otro lado, no debería extrañar demasiado porque para el capitalismo son impensables políticas distintas de las que apuestan por el crecimiento económico y la explotación de los recursos naturales.

Hay otra corriente como es la “ecosocialista”, representada, por ejemplo, por el suizo Christian Zeller, profesor de geografía económica de la Universidad de Salzburgo.

En un libro publicado en 2020 (2) así como en numerosos artículos publicados en prensa, Zeller aboga por una estrategia de “auto-empoderamiento” de la población trabajadora.

Solo los asalariados, argumenta, están en condiciones potenciales de llevar al centro del debate social la cuestión de cómo y para quién se produce.

Es la propia sociedad, según Zeller, quien debe “decidir de forma conjunta, producir menos y repartir mejor”.

En su opinión, no se luchará contra el cambio climático si todo consiste en sustituir las energías de origen fósil por las renovables, sino que es necesario reducir el consumo energético.

Zeller se aparta del socialismo tradicional y de los sindicatos por considerarlos anclados en el productivismo y en la ideología del crecimiento.

El geógrafo suizo cree por ello imprescindible una total “reestructuración del aparato industrial” así como la reducción en tamaño de sectores hoy claves como el del armamento o el automóvil.

Para Zeller, no puede hablarse de un progreso lineal, sino que lo que llamamos “desarrollo” se produce siempre por “saltos”, y hay que estar por tanto preparados para las nuevas realidades, elaborando alternativas que puedan tenerlas en cuenta.

"No se luchará contra el cambio climático si todo consiste en sustituir las energías de origen fósil por las renovables, sino que es necesario reducir el consumo energético"

decoration

Un ejemplo lo proporciona lo ocurrido en la fábrica de Bosch en la capital bávara, que fabrica componentes para automóviles propulsados por motores de combustión interna y cuyo cierre estaba programado.

Allí, trabajadores sindicados y activistas contra el cambio climático se unieron para reclamar que, en lugar de procederse a su cierre, esa planta se dedicase en adelante a fabricar nuevos productos ecológicamente compatibles y que necesite la sociedad. Es un camino posible.

Otros, como el biólogo argentino Esteban Servat, hablan de la necesidad de “descolonizar” el movimiento ecologista y señalan que el frente de combate está sobre todo en los países en desarrollo, el que algunos llaman “el Sur global”.

Sus abundantes recursos naturales los explotan las multinacionales del “Norte global”, por lo que hay que escuchar antes de nada a esos pueblos, que son los que sufren ya de modo más inmediato y dramático las consecuencias del cambio climático.

(1) Artículo publicado en “Analyse & Kritik”

(2) “Revolution für das Klima”. Ed. Oekom.

Compartir el artículo

stats