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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El despertador

La verdad es, o al menos eso cree quien escribe, que a nadie debería sorprender la noticia de este periódico acerca de la superación –por Portugal– de un récord de inversiones en ese país. Casi tres mil millones de euros, en tiempos de pandemia, parece casi un milagro, pero en realidad solo es el resultado de una planificación, y un esfuerzo conjunto de sus administraciones, para ceder lo menos posible al desafío entre salud y economía, que ahora mismo ocupa la atención de todos los que tienen algún tipo de responsabilidad sanitaria, política o económica.

Lo que sí causa sorpresa, y se expone sin la menor intención de provocar, es que Galicia –por ejemplo– no presente una decisión firme para afrontar el desafío que, guste o no, supone la competitividad del Gobierno de Lisboa. Y se hace referencia a este Reino porque desde la coalición monclovita no cabe esperar gran cosa, y menos en positivo o que se pueda interpretar siquiera como equitativa, para el Noroeste. Es una opinión personal, desde luego, pero que podría reforzarse, como ya se hizo en otras ocasiones, con argumentos indiscutibles en cuanto que medibles.

Pero no toca ahora hablar tanto de Madrid cuanto de recordar compromisos contraídos por el Ejecutivo autonómico con el país. Y que no solo no parecen cumplidos, sino ni siquiera en desarrollo. Fue el propio presidente Feijóo quien en el inicio de esta su cuarta legislatura anunció un plan para fomentar las inversiones aquí “mirándose en el espejo de Portugal”. Una idea excelente que implicaría, entre otros objetivos, reducción y agilización de la burocracia y sus trámites, facilidades fiscales y seguridad jurídica para los proyectos inversores. Y nada o muy poco se ha sabido no ya del desarrollo del plan, sino siquiera de su puesta en marcha. De ahí que proceda el recordatorio.

Cierto que los tiempos han sido y son extraordinariamente duros, y que los recursos disponibles se han centrado con razón en combatir la pandemia. Pero no es motivo bastante para el silencio y menos aún para el frenazo del proyecto, en el caso de que se hubiera comenzado. Y no lo es –justificación– porque el vecino Portugal padeció y padece el mismo mal que Galicia –y con más población– y además mantiene el pulso económico, como se puede comprobar con los datos recién publicados por FARO. Claro que, siempre sin intención de incordiar, hay otro problema: aquí no se capta la inversión que necesita, y además el ritmo industrial se debilita. Se ve que lo del perro flaco y las pulgas es cierto.

Ocurre, si se comparte el punto de vista, no solo por la creciente pérdida de peso del mencionado sector en el conjunto de la estrategia económica, sino por la aún mayor crecida de su dependencia de intereses foráneos. Hay medios empresariales de solvencia demostrada que advierten de que existe una ausencia –los más benévolos hablan de “escasez”– de modelo económico claro, y de todos es sabido lo cobarde que es el dinero cuando aparecen dudas y lo poco “patriota” que resulta a la hora de elegir sus banderas. Convendría, según esas fuentes, que alguien ponga el despertador en hora, analice despacio y con luces largas si esta Xunta da más de sí y separe, si fuere menester, la paja del grano. Porque existe solo una prioridad: sacar el país adelante.

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