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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los cerebros

El Foro Económico de Galicia, que juega un papel muy útil a esta sociedad, acaba de lanzar una alerta sobre la peligrosidad que para este antiguo Reino tiene la llamada “fuga de cerebros”. Un viejo asunto pero que, lejos de resolverse o al menos paliarse, no ha hecho sino aumentar en los últimos años. Y que supone una pérdida múltiple para el país y especialmente para lo común, un concepto fácil de entender, pero complejo a la hora de aceptarse y aún más a la de aplicarse, entre otros motivos porque la especie humana, al contrario de lo que defendía Rousseau, no es bondadosa por naturaleza, sino tirando a egoísta.

Dicho eso, conviene ampliar el capítulo de pérdidas cuando los “cerebros” se van a lugares diferentes al que nacieron y se formaron. La primera es obvia en lo material, porque la formación implica un gasto, en gran parte público que, además, se entiende como una inversión de futuro. Si quienes se van a trabajan y rinden después para otros, probablemente extranjeros, el beneficio de lo invertido se pierde y/o no va a donde debería. Algo que es visible sobre todo en el terreno de la investigación y también en el de algunas titulaciones en nuevas tecnologías, donde la demanda en España, aun creciendo, es inferior a bastantes otros países.

En el fondo, es un círculo vicioso: no hay dinero público suficiente para investigar, ni para ejercer en técnicas avanzadas a un nivel razonable, y quienes destacan buscan, al irse, mejorar en lo económico y en lo profesional. Y hay que buscar soluciones nuevas porque las habituales no siempre salen bien. Poco antes del informe del Foro Económico, FARO DE VIGO daba a conocer datos sobre el otro modo de perder cerebros: el “robo” por empresas foráneas y a menudo más potentes que las gallegas, con las que compiten, ofreciendo mejores condiciones.

Lo de robo se dijo en sentido figurado, pero hay ofertas que no se pueden rechazar y a veces tampoco igualar: ese quizá es el talón de Aquiles de la ciencia española. Porque por más que suene antipático, la mayor parte del progreso material y humano es cuestión de dinero; que sirve no solo para ganar las guerras, como decía Churchill, sino también para triunfar en otras batallas, que son las de la captación de sabidurías ajenas para ponerlas al servicio de quien las valora y las paga. Ciertamente, hay sabios que ya no trabajan por el sueldo o los incentivos que aportan grandes bibliotecas o muy completos laboratorios.

En todo caso, para llegar a donde llegaron unas y otras fueron imprescindibles notables inversiones, lo mismo que para mantenerlas. Es evidente que el Foro Económico no pretende advertir sobre la pérdida de nivel en la investigación gallega –que también–, pero sí de que, si no actúa, nunca se llegará a disponer de algo siquiera parecido. Y eso frenará, como mínimo, el impulso hacia adelante que necesita Galicia: para lograrlo no bastará el dinero público, y habrá que convencer aquí, como ya hicieron otros allá, de que la financiación privada no tiene mejor logro que formar cerebros, impedir –con dinero y material– que se vayan y aplicarlos al progreso. Y que nadie se espante: acuérdense los descreídos que “solo los necios confunden el valor con el precio”.

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