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Xaime Fandiño

MÁS ALLÁ DEL GUETO CRONOLÓGICO

Xaime Fandiño

Aprendiendo a envejecer

Titular una nueva columna periodística como sucede con un libro, un programa de televisión o cualquier trabajo académico, es siempre complicado.

Reducir a unas pocas palabras una filosofía general con capacidad de albergar un contenido específico es tanto un reto como un arte.

Así, cuando comencé a bosquejar esta colaboración, barajé muchas ideas y combinaciones semánticas con la finalidad de dotar de cobertura el contenido heterogéneo que iba a necesitar introducir cada semana.

Tendría sido muy sencillo titular la sección con algo obvio que marcara claramente el ámbito sobre el que se iba a desarrollar, es decir, la propuesta discursiva centrada en la palabra y el concepto de envejecimiento que se presume será tratado aquí desde todas las perspectivas posibles, pero he preferido, para nombrar la columna, utilizar una alegoría referente a la concentración, casi obligatoria y de carácter etario, en la que nos vemos obligados a ingresar en la etapa postjubilar por pura operación administrativa.

Así, yendo más allá del gueto cronológico y porque somos un grupo heterogéneo, a través de este espacio con mirada intergeneracional, me gustaría poder conseguir alzar la voz de los mayores de todo color y condición, para reclamar la necesidad de eliminar cualquier estigma que nos retire de la circulación solamente por prescripción etaria y, por contra, ser quienes de poder continuar desarrollando nuestra actividad tal como lo veníamos haciendo durante toda la etapa prejubilar.

Dicen que hagamos “envejecimiento activo” y simultáneamente desde la administración nos denominan como “clases pasivas”. Está claro que algo no funciona de forma adecuada, por lo menos desde el punto semántico y conceptual. Por eso es necesario y urgente adquirir una cultura del envejecimiento desde la más tierna infancia. Aprender a envejecer es por lo tanto una de las materias pendientes de la sociedad que debería ser curricular y obligatoria. La vejez es un estado que, con toda seguridad, vamos a adquirir cada uno de nosotros con el paso del tiempo. Porque, está bien claro que, cualquiera otra opción que no vaya en esta línea es bastante peor. Por lo tanto, ser conscientes de que es necesario tener preparado un plan vital y otro de contingencia para la edad provecta, no parece mala idea. Este ejercicio de autoconvencimiento colectivo de que la vida non se estanca en el ahora, sino que tiene un futuro que se va alterando día a día en función de la biología y el calendario de cada quién, casi sin percatarnos, ayuda a tomar conciencia sobre la necesidad perentoria, aún que sea de forma egoísta, de trabajar para que ese futuro cierto, el de la vejez, se pueda desarrollar en un marco idóneo e ilusionante y no instalado en un gueto etario y aislado del fluir social.

Por eso es necesario, perentorio y de sentido común, promover, propiciar, facilitar y alentar de forma realista la capacidad participativa de los mayores en la sociedad, teniendo presente su posibilidad de mentorización, de transferencia de conocimiento o de divulgación experiencial, incluso cuando las andanzas vitales de esta persona mayor puedan implicar algún tipo de actividad económica, cosa hasta ahora incompatible en nuestro país con la percepción íntegra de la pensión de jubilación, excepto para algunos gremios profesionales específicos.

A la vista de la progresiva longevidad de los seres humanos es urgente evitar el aislamiento social de los mayores, así como proporcionar escenarios reales y naturales, no ficticios, de desarrollo intergeneracional que formen parte indisoluble del circuito vital de las personas de cualquier hábitat y estrato socioeconómico o cultural. Por lo tanto estamos refiriéndonos a un contorno funcional que no puede ser algo puntual o exclusivo para algunos afortunados.

Se trata de construir un nuevo universo intergeneracional donde todos los mayores que lo deseen, tengan la oportunidad de participar de forma biunívoca, en primeira persoa y en igualdad de condiciones, de un intercambio experiencial y de transferencia de conocimiento en correspondencia con la osadía y vitalidad de las generaciones precedentes.

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