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Faro de Vigo

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Óscar R. Buznego

El Rey y la democracia

La Declaración de Independencia de Estados Unidos proclamó en 1776 el derecho inalienable de todos los hombres a buscar la felicidad. Este propósito es postulado en la actualidad para todo ser humano e incluso se discute ya si debe ser reconocido a los animales más próximos. A tenor de los datos que registran los sondeos de opinión desde hace décadas, los españoles nos sentimos colmadamente felices. La felicidad está esparcida por todos los estratos de la sociedad española, sin distinción de edad, sexo, clase, ideología, creencias, nivel de estudios o lugar de residencia. Diríase que España goza de felicidad universal.

El Rey, durante su mensaje de Navidad a los españoles.

En ese estado tan difícil de definir, al que todos aspiran y la inmensa mayoría de los españoles dicen disfrutar, no se ignora la existencia de problemas. Los españoles son muy conscientes de los cambios, los habidos y los venideros, y de los desafíos que plantean. Los aguardan con optimismo y preocupación a un tiempo. Prácticamente ninguno de los encuestados menciona el funcionamiento de la democracia como uno de los problemas más importantes de nuestro país en la actualidad o en el futuro. Sin embargo, un tercio de los españoles sí manifiesta inquietud por todo lo que ocurre en la esfera política. En sus respuestas es fácil adivinar su desacuerdo y disgusto con el comportamiento de partidos, gobierno y políticos en general. Los ciudadanos no dejan de mostrar una profunda desconfianza hacia ellos, que ha crecido y presienten que en los próximos años irá a más.

"El rey Felipe VI conoce bien el estado de ánimo, la opinión y las actitudes de la sociedad española"

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El rey Felipe VI conoce bien el estado de ánimo, la opinión y las actitudes de la sociedad española. Su mensaje de Navidad ha reflejado fielmente el trance histórico del presente. Tras referirse a la encrucijada histórica en que nos encontramos, con sus perspectivas e incertidumbres, e invitar a no permanecer quietos y reaccionar para asegurar la posición de España en el mundo, centró la segunda parte de la alocución en la democracia, a la que se refirió reiteradamente destacando siempre el significado que ha adquirido para los españoles en su pasado reciente. Hizo una afirmación rotunda de los principios democráticos y de los valores cívicos anexos, reclamó colaboración y entendimiento en las instancias políticas con el fin de fortalecer las instituciones y suscitar confianza entre los ciudadanos, y pidió respeto y lealtad a la Constitución, que debiera ser el verdadero catalizador de toda la vida pública de los españoles. La Carta Magna es la institución, excluida de la consulta la Corona, en la que más confían los votantes de los grandes partidos estatales, con la excepción de los de Unidas Podemos.

"Sería motivo de celebración que los partidos políticos se inspiraran en el espíritu democrático de Felipe VI"

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La monarquía y la democracia son una contradicción en los términos que, sin embargo, ha contribuido a la felicidad de los países europeos donde se practica la mejor política. No siendo la democracia ínsita a la monarquía, esta puede ser plenamente democrática, como lo es la española. Figura en la Constitución, aprobada por una mayoría amplia en referéndum, y el rey Felipe VI se comporta como un buen demócrata. Desde que fuera coronado, los españoles han aprobado su actuación, concediéndole una nota siempre superior a la otorgada a cualquier líder político. Sus discursos son lecciones impecables de democracia, muy oportunas para la política española de estos tiempos convulsos, en que a veces parece que hemos perdido el sentido de la orientación.

Sería motivo de celebración que los partidos políticos se inspiraran en el espíritu democrático de Felipe VI, tanto en su organización interna como en su relación entre ellos y con los ciudadanos. Y no se comprende la obstinación de un sector de la izquierda con la Corona, cuestión diferente es la de los partidos independentistas, cuando la contradicción entre progreso científico y tecnológico, y aumento de la pobreza y la desigualdad, el que será el primer problema de la próxima década en el mundo según los españoles, se hace cada día más hiriente.

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