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Faro de Vigo

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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

UE: una política marítima desastrosa

¿Quo vadis Comisión Europea? La política marítima y la economía azul son esenciales para que Europa, que es una gran península toda ella, pueda desarrollar una economía saneada y competitiva. Hasta ahí parece que todo el mundo está de acuerdo, pero a la hora de la verdad no parece que la Comisión Europea y otras instituciones vayan en absoluto en esa dirección ya que parecen cautivas de una deriva económicamente suicida guiada por ciertas organizaciones medioambientalistas a las que parece preocupar más el fango de los fondos marinos que las honradas gentes del mar europeas. La Comisión y las recientes declaraciones del Comisario de Pesca, por lo visto partidario de prohibir el arrastre de fondo, están dando la impresión de querer proponer una política “guay” en detrimento de una política marítima generadora de crecimiento económico, innovación y desarrollo y desde luego, seriamente respetuosa con el medio ambiente, pero no hasta el suicidio. Dice el Evangelio que hay que guardarse de lo falsos profetas que se pueden reconocer por sus frutos (Mat. 7, 15-20). Pues veamos cuáles han sido los frutos de la política marítima de la Unión

Existe una flota mercante que suministra nuestra economía que está principalmente en manos no europeas y donde las banderas de conveniencia, esas que eluden el pago de impuestos en Europa (recurriendo al abanderamiento en Liberia, Islas Marshall u otros paraísos fiscales) son norma común. Las escasas empresas europeas que existen también recurren abundantemente a este tipo de abanderamientos. El sector de transporte de contenedores está excesivamente concentrado y la situación de dominio de estas empresas es la causante de que, por ejemplo, el puerto de Algeciras pierda tráficos en favor de un Tánger con menos remilgos medioambientales.

Si contemplamos el sector de la construcción naval vemos que muchos de los armadores mundiales recurren a construir en astilleros asiáticos, donde no está nada claro que no existan ayudas de estado que están prohibidas en la Unión Europea. La Comisión parece no querer saber nada de ser consecuentes con el concepto de Level Playing Field es decir, que aquellos que pretenden acceder en productos o servicios al mercado europeo lo hagan respetando los mismos costes de producción que impone la política medioambiental y social de la Unión.

En lo referente al empleo, parece cada vez más evidente que los jóvenes europeos no son enrolados en los buques que aprovisionan nuestro mercado, entre otras cosas porque no pueden competir con los costes de las tripulaciones subestándar que pululan por las flotas mundiales y que están dispuestas a trabajar en condiciones laborales que serían inaceptables bajo la legislación europea.

Y si ya nos venimos al mundo de la pesca, me temo que una vez más estemos en unas manos con muy poca o ninguna experiencia en el sector y que prefieren aconsejarse por ciertas ONGs financiadas no sabemos por quién, que con los verdaderos órganos de representación democrática como los parlamentos, sindicatos y asociaciones empresariales. Son inaceptables esas intenciones aparentes por parte de la Comisión de prohibir el arrastre de fondo, así como ciertas expresiones de alegría por parte del Comisario sobre la prohibición de la captura del marrajo. Por otro lado, la opacidad muy poco democrática en las negociaciones con Noruega o Londres, nos hacen temblar ante lo que parece una interpretación de que los derechos individuales de los ciudadanos europeos son negociables. Por eso cabe preguntarse una vez más si estamos en unas manos sensatas o si por el contrario la Comisión está guiada por una apatía en la defensa de una competencia equilibrada en los mercados mundiales y un atolondramiento medioambiental. Nadie discute que debe de llevarse una política medioambiental sensata, pero esto no nos puede llevar a inmolar sectores productivos enteros en nombre de un medioambientalismo al que todo se sacrifica como si fuera un nuevo Moloch. Les recomiendo a los miembros de la Comisión la lectura del Génesis (1,28) que cuando bendice al hombre y a la mujer les dice: Fructificar y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Tomen buena nota ciertos Comisarios: no dice a los peces que señoreen al hombre y a la mujer. Guardémonos de esos falsos profetas de un medioambientalismo excesivo y muchas veces muy poco fundado en la ciencia. Política medioambiental sensata sí, pero seguir atolondradamente a los falsos profetas de una nueva religión medioambientalista, desde luego que no.

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