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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Polonia y Bruselas chocan por el carbón

El Gobierno polaco no parece en condiciones, ni tampoco dispuesto a renunciar al carbón para la producción de la energía que necesita actualmente el país y critica la especulación en el comercio de certificados de CO2.

Debido a tales prácticas se ha disparado el coste de contaminar, algo que pone en serios aprietos a sus tres mayores empresas energéticas, PGE, Tauron y Enea, todas las cuales dependen de la minería del carbón.

La mayor de ellas, PGE, tiene una plantilla de 40.000 trabajadores y suministra energía a más de cinco millones de hogares así como a numerosas empresas del país, argumenta el Gobierno polaco.

Varsovia decidió crear una especie de “banco malo” para acoger a esas empresas que, por el alto precio de los certificados de CO2, corren peligro de no resultar rentables dado que tendrán cada vez más dificultades para atraer capital privado.

En un artículo publicado la pasada semana en el diario alemán “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, criticaba con dureza el comercio de certificados, del que decía que conduce inevitablemente a la especulación y desestabiliza la economía de su país.

La semana pasada, el precio a pagar por una tonelada de CO2 superaba los 90 euros, algo que también el Gobierno checo atribuye a los especuladores.

Según Morawiecki, ese comercio se ha convertido últimamente en un negocio en manos de inversores adinerados y en un instrumento para enriquecer a los que más tienen a costa de la mayoría de la población.

No ha tardado en responderle la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, según la cual es imprescindible que quien contamina, pague por ello.

En un artículo publicado en el mismo periódico, la cristianodemócrata alemana niega que haya maniobras especulativas y atribuye el aumento de los precios de la energía se debe ante todo al despegue económico, que ha hecho crecer la demanda global de gas.

Lo cual ha hecho a su vez que aumentaran los precios de los certificados de CO2: al encarecerse el gas, los productores de energía han recurrido al carbón, que es más contaminante, con lo que ha crecido a su vez la demanda de esos certificados.

El Pacto Verde, escribe von der Leyen, no servirá solo para detener el cambio climático y convertir a Europa en el primer continente neutro en emisiones, sino que ayudará a reducir nuestra dependencia de los hidrocarburos, que son los que están detrás del fuerte incremento actual del precio de la energía.

Europa importa actualmente un 97 por ciento del petróleo que consume, un 44 por ciento del carbón y un 90 por ciento del gas: un 40 por ciento de este último, desde la vecina Rusia.

Esa situación no es, en su opinión, sostenible además de contribuir a la vulnerabilidad del continente. Hay por lo tanto muy buenas razones, según ella, para aumentar las fuentes de energía renovable.

"El Pacto Verde, escribe von der Leyen, no servirá solo para detener el cambio climático y convertir a Europa en el primer continente neutro en emisiones, sino que ayudará a reducir nuestra dependencia de los hidrocarburos"

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El objetivo que se ha fijado Bruselas es que para el año 2030, toda la energía que consuma Europa tenga un origen limpio.

Otra ventaja importante, asegura Von der Leyen, es que el precio de las energías renovables se ha mantenido relativamente estable y en algunos casos incluso se ha abaratado.

El Pacto Europeo será a medio plazo “una garantía contra las oscilaciones de precios y las desventajas competitivas”, pronostica Von der Leyen.

Para la presidenta de la Comisión Europea, reclamar ahora medidas menos ambiciosas contra el cambio climático, como pretende Polonia, es simplemente una reacción muy miope a un incremento puntual de los precios de la energía.

Von der Leyen habla de éxitos en la lucha contra el cambio climático y explica que desde 2005 los sectores participantes en el comercio de certificados han logrado reducir sus emisiones en un 43 por ciento al tiempo que aumentaba el PIB.

La presidenta de la Comisión afirma que muchos países europeos han utilizado ese comercio para modernizar sus sistemas de producción y reducir así las emisiones contaminantes.

Polonia, dice Von der Leyen, tiene que rebajar su actual dependencia del sucio carbón, para lo que Bruselas está dispuesta a prestarle apoyo.

Con el comercio de inversiones, explica, se financian fondos que ayudan a los países de la UE de rentas más bajas a “invertir en tecnologías innovadores y modernos sistemas energéticos”.

Y además, asegura la presidenta, a partir de 2026, se dedicarán 72.200 millones de euros al apoyo a familias amenazadas de pobreza energética en todo el territorio de la UE, Polonia, por supuesto, incluida. Veremos.

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