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Alberto González-Garcés Santiso

Vacuna COVID-19: mi tercera dosis

Vacuna COVID-19: mi tercera dosis

En estos días me llegó la cita del Sergas para recibir la dosis de refuerzo de la vacuna COVID-19 en el Ifevi. Allí me fui el día previsto. Entré, me desinfecté las manos y me dirigí al enorme pabellón donde se organizaban unas largas y bien ordenadas colas. A la hora prevista dieron acceso a los de mi tramo horario al recinto de vacunación. También enorme. Impecablemente cuidado, magníficamente iluminado.

Control de identidad rapidísimo al llevar preparado el código QR del SMS del Sergas. Con el DNI el proceso era un poco más lento, pero aún así eficaz.

De allí a las cabinas de vacunación. Sonrisa, saludo, nueva identificación, descubrir el brazo y, cuando aún no me había dado casi cuenta, ya estaba vacunado. Recomendaciones por si sentía molestias. Eficacia, seriedad, amabilidad. Nada de condescendencia forzada. Profesionalidad.

Horas más tarde entré en el sistema del Sergas y me bajé el certificado de vacunación. Vi que la vacuna Pfizer que me habían puesto es del tipo “Comirnaty”. La Agencia española de medicamentos y productos sanitarios explica que las vacunas de este tipo preparan el cuerpo para defenderse de la COVID-19 inoculando una molécula de ARNmensajero diseñada por ingeniería genética que contiene instrucciones para producir la proteína espícula. Esta proteína se encuentra en la superficie del virus SARS-CoV-2 y es necesaria para que el virus pueda entrar en las células del cuerpo.

Cuando recibimos la vacuna, algunas de nuestras células leerán las instrucciones del ARNmensajero y producirán temporalmente la proteína de la espícula. Nuestro sistema inmune reconocerá esta proteína como extraña y producirá anticuerpos y células T (un tipo de células del sistema inmunitario) activadas para defenderse.

Si posteriormente entramos en contacto con el virus SARS-CoV-2 nuestro sistema inmune lo reconocerá y estará preparado para defenderse frente a él. El ARNmensajero de la vacuna no permanece en nuestro cuerpo. Se destruirá poco tiempo después de la vacunación. Pero la inmunidad permanece por un tiempo mucho más largo. Al parecer del orden de unos 9 meses.

Con la dosis de refuerzo me encuentro mucho más tranquilo. Pero, claro, continuaré teniendo la lógica prudencia y seguiré las recomendaciones del Sergas. De esta manera espero protegerme personalmente y, al mismo tiempo, contribuir a la protección y la inmunización de la población y sociedad en la que vivo.

Finalmente, quiero mostrar nuevamente mi agradecimiento al sistema de salud y, especialmente, al personal sanitario. Hace meses los aplaudíamos desde las ventanas. Hoy debemos seguir aplaudiéndoles, física o virtualmente, desde cualquier lugar en el que nos encontremos.

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