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Faro de Vigo

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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

¿‘Quousque tandem abutere’, Gobierno de Marruecos, ‘patientia nostra’?

Marruecos es un país amigo, pero definitivamente su Gobierno no lo es. La política del Ejecutivo marroquí con respecto a España ha sido sin duda hostil y lo ha venido siendo desde hace ya muchos años. Sus sucesivos gobiernos han venido ejerciendo acciones de constante hostigamiento contra España que ya no se pueden permitir bajo ningún concepto y todo esto por el ansia expansionista ilegal del gobierno de ese país con respecto al Sáhara Occidental. Por eso viene a cuento repetir lo que Cicerón en sus catilinarias pronunció contra las intenciones de Catilina de subvertir el orden establecido: ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros? ¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?

Sus últimas acciones al otorgar un permiso para la instalación de una piscifactoría en aguas territoriales españolas en torno a las islas Chafarinas, de soberanía española, así como sus planes en el entorno de Melilla demuestran que el Gobierno marroquí no tiene intención alguna de dejar de hostigar a nuestro país en un intolerable esfuerzo por tratar de conseguir por la vía indirecta lo que la legislación internacional no respalda. Ni el Gobierno marroquí tiene el derecho a exigir a España que reconozca la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental porque el derecho internacional está en contra y además así lo refrenda el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ni por tanto tiene jurisdicción sobre las aguas adyacentes. No tiene autoridad ni respaldo legal para abordar a los pesqueros españoles.

Parece que en una especie de venganza porque España no reconozca lo irreconocible, el Gobierno marroquí intenta ahora desafiar la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y los islotes de soberanía española mediante políticas de hechos consumados. Pues bien, el derecho internacional reconoce la soberanía española sobre todos estos territorios y sus aguas. Pudiera ser discutible que de acuerdo con el derecho internacional esos islotes puedan no generar una zona económica exclusiva de 200 millas en torno a ellos por lo dispuesto en el artículo 121.3 de la Convención internacional sobre el derecho del Mar que dice que: “Las rocas no aptas para mantener habitación humana o vida económica propia no tendrán zona económica exclusiva ni plataforma continental”, pero es indiscutible que tienen derecho a un mar territorial de 12 millas como parte indisociable de su soberanía. Si el Gobierno de Marruecos no reconoce esto estará también y de nuevo en contra del derecho internacional.

“Es el momento de la firmeza con un Gobierno marroquí que empieza a ser francamente incómodo y hostil con España”

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Es el momento de la firmeza con un Gobierno marroquí que empieza a ser francamente incómodo y hostil con España. Para empezar, hay que delimitar las aguas españolas de manera clara en estos islotes e islas de soberanía española y de Ceuta y Melilla y no permitir al Gobierno marroquí ni un solo exceso más. Además, hay que brear a multas a las empresas privadas que se presten a este juego.

La historia del comportamiento de los sucesivos ejecutivos del país vecino desde su independencia ha sido de una insolencia palmaria con España: Guerra de Ifni, Marcha Verde, cierre de fronteras con Ceuta y Melilla, el incidente del islote Peregil, fomentar de manera indigna la invasión de sus menores en Ceuta, la retirada de su embajadora en España y sus intolerables manifestaciones y, ahora, lo de la piscifactoría de las Chafarinas y sus planes en Melilla. Ha llegado el momento de adoptar medidas mesuradas pero firmes para que esto pare; y que el Gobierno marroquí recapacite.

La política de permisividad seguida hasta la fecha ha alimentado a un niño malcriado que muerde a quien le tiende la mano. La historia demuestra que las políticas de apaciguamiento nunca dan buen resultado y suelen acabar muy mal. Creo que es el momento de redireccionar nuestras relaciones con los países del Magreb defendiendo con firmeza el derecho de los saharauis a su autodeterminación e intensificando al máximo nuestras relaciones con Argelia, que entre otras cosas puede alimentar de gas la planta de Reganosa.

Es necesario dejar claro al Gobierno marroquí que no puede seguir por ese camino si pretende seguir remitiendo al mercado español sus productos agrícolas, ser la base para la deslocalización de muchas de las industrias españolas y para substituir al puerto de Algeciras por el de Tánger.

Y dicho esto, sean siempre bienvenidos los marroquíes a España que no tienen la culpa de estas políticas y son una muy buena gente.

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