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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La burocracia (otra vez)

La burocracia (otra vez)

Así que, por si Galicia no tuviera ya bastante con lo que le complica la vida a sus gentes del común el Gobierno central, ahora resulta que es la Xunta la que contribuye al aumento de sus pesares. Acaba de publicar este periódico una noticia que, además de sacarle los colores a los responsables, debiera significar unos cuantos ceses, ya que está más que comprobado que aquí, motu propio, no dimite nadie y cuando alguien renuncia alegando “razones personales”, es una destitución disfrazada. Pero al conocerse que este Reino corre el riesgo de perder fondos europeos para saneamiento a causa de la burocracia, el vaso de la paciencia debería estar colmado.

No se trata de recomendar una cacería de funcionarios más o menos lentos o excesivamente aferrados a la letra de los reglamentos, sino de disponer de un sistema de tramitaciones ágil, en el que no se necesite una eternidad para resolver las cuestiones más nimias. Tanto a la hora de subvencionar como de invertir con celeridad y eficacia las ayudas que se reciben, que en definitiva eso es lo que significan los fondos europeos, se trate de los que se trate. Y que, dicho sea de paso, no siempre se han invertido ni en el cómo, ni el cuándo ni el cuánto se debería haber hecho.

No es ficción: puede comprobarse en documentos y en denuncias que constan en el diario de sesiones del Parlamento de Galicia, aunque al ser de la oposición, quizá duerman en los cajones el sueño de los justos. O de los injustos, que –a veces– tanto monta monta tanto. Lo que está claro es que las varias reformas, y los reiterados anuncios de que la Administración gallega ha sido protagonista, o no resultaron suficientes o, simplemente, no se han ejecutado. Cierto que no todos los departamentos funcionan del mismo modo y que algunos son bastante imaginativos, capaces y eficaces, pero al final unos por otros la casa común queda sin barrer.

Hay algo peor todavía: ese mal trasciende, y hace tanto o más daño que los ataques directos. Se ha comprobado con la progresiva pérdida de capacidad inversora de Galicia en favor de Portugal, que aligeró sus tramitaciones hasta dejarlas en un breve esquema que cubre lo estrictamente preciso, se ha visto en la gestión de los proyectos destinados al invento de la Next Generation y, por si fuera poco, se reconoció indirectamente por el propio presidente Feijóo cuando incluyó en sus propósitos prioritarios para esta legislatura un plan de inversiones “mirándose en el espejo” de los vecinos lusitanos.

El asunto va lento y por partes, y acaso cuando se termine, si llega a terminarse, ya sirva para poco. Conste que nadie con un mínimo de lógica, discute que la burocracia, en su sentido literal, es básica, porque aporta garantías jurídicas, profesionales y técnicas de que las cosas se hacen como se deben. Pero en el sentido peyorativo, el satírico que hace constar que la “b” del concepto es “la b de burro”, por desgracia es ya casi una definición. Seguramente injusta, pero en vigor, y cuya responsabilidad primera corresponde por igual tanto a los que no cumplen su función como a los que deberían exigirlo y, caso contrario, despejar el terreno. Y esto del peligro de perder cuartos europeos ha de ser la gota que colma el vaso. Si hay cabeza, claro.

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