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Faro de Vigo

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Tribuna libre

Cuando uno quiere

Ya conté alguna vez que cuando era pequeña, mi abuela me repetía a menudo que si uno no quiere dos no discuten; y en lo que se refiere a mi hermano y a mí, aquella magnífica mujer tenía toda la razón, aunque a mí me costase admitirlo. El problema de esta declaración unilateral de armonía fraternal residía en cuanto estaba dispuesto a ceder la que no quería discutir para que el otro se sintiera satisfecho.

Y desgraciadamente, lo mismo ocurre con la unidad en las organizaciones, porque la unidad no es una imposición, ni siquiera una victoria, solo puede concebirse como un intercambio negociado, una distribución equilibrada de poder que generalmente no satisface del todo a ninguno de los constructores, y que siempre necesita de la generosidad de todos para que no deje a algunos absolutamente insatisfechos.

Ese es el problema del PSdeG hoy; pareciera que todos quieren la unidad, porque en el fondo, saben que sin ella no hay posibilidad alguna de competir eficazmente con Feijóo y el PP; lo malo es que no hay nadie dispuesto a asumir unilateralmente los costes de la construcción y ver como otros usufructúan sus beneficios.

Unos, legitimados por la victoria entienden que los derrotados deben conformarse con pequeñas parcelas de poder; otros sienten que el apoyo de la militancia es todavía grande y se preparan para esperar una nueva oportunidad para intentar volver; lo de siempre.

La verdad es que el PSdeG ha salido de esta elección de secretario general casi tan fragmentado y desunido como entró en ella, y que parece que ni a unos ni a otros les interesa lo suficiente encontrar una salida común. Eso sí, todos buscan un relato que les permita justificar sus respectivas posiciones ante sus adeptos, y ninguno tiene la intención de apearse de él.

Cuando las posiciones llegan a este punto solo caben dos salidas: (1) o que la nueva dirección se articule entorno a su círculo de confianza y la anterior se refugie en la resistencia; o (2) que la nueva dirección incorpore algo más que peones de la anterior a la nueva estrategia.

El primer planteamiento alimenta la fractura, pero tiene poca incertidumbre, se sabe lo que va a pasar, como hasta ahora, y cuál será la posición de cada uno. Caballero, que cuando ganó no tenía apenas respaldo institucional, tuvo que caminar por esta senda.

La segunda opción es más complicada, requiere de la incorporación de sectores del antiguo poder al nuevo; está perfectamente descrita por Pareto cuando trata la Circulación de las Élites. Si quieres deshacer un poder alternativo tienes que incorporar a algunas élites del otro sector.

Puede resultar cínico como lo describo, pero en el fondo la unidad se construye incorporando a otros, y ahí nace la incertidumbre; dar poder a personas de otro sector suscita siempre la pregunta por la lealtad.

Si el PSdeG quiere afrontar con expectativas unas elecciones gallegas tiene que apostar abiertamente por la integración. Valentín tiene delante una estructura de oportunidad diferente de la que tenía Gonzalo; puede permitirse correr muchos más riesgos, porque disfruta de más poder institucional, y debe hacerlo porque le fortalecerá. Otra cosa es que todos los sectores que le apoyaron caminen en la misma dirección.

Hay tiempo para construir la unidad entre todos; o para hacerlo de forma unilateral; pero todo comienza porque uno, al menos uno, quiera…

*Profesora de Ciencia Política y Sociología de la Universidade de Santiago

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