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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los sueños

Es más que probable que en estos tiempos de turbación no convenga hacer mudanza de criterios, salvo que se presenten otros sólidamente argumentados. Porque, de no hacerlo así, solo se obtendrán más disgustos o decepciones; de ahí quizá aquella advertencia de Calderón de la Barca acerca de que “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Cierto que se refería, el clásico, a una circunstancia muy especial de quien recitaba, pero no lo es menos que el país atraviesa momentos crudos y por tanto debiera imponerse la prudencia. Como prevención para los disgustos.

Desde una opinión personal, eso es lo que la Xunta ha hecho con el controvertido asunto del Corredor Atlántico, tan necesario y urgente como creador de frustración por la lentitud que hasta ahora ha tenido su gestación. El Gobierno gallego duda ante las perspectivas financieras y de plazos que manejan la Comisión correspondiente de la UE y el Gobierno central, y ha hecho un estudio por su cuenta que matiza los cálculos de Madrid y Bruselas, aunque no entra en una crítica a fondo de lo mucho que tiene de criticable el plan, por difuso y que en definitiva pone en cuestión un mensaje que recuerda en cierto modo al caso del AVE.

(Por cierto: el tren de alta velocidad para pasajeros entrará en servicio, según el Ministerio de Transportes, el día 21 de diciembre, casualmente –este Gobierno domina el “azar”: en tiempos de turbación sacan del armario el fantasma del franquismo para que se hable de otra cosa diferente a los problemas que causa su gestión– en coincidencia con la convocada huelga de camioneros. Lo hará, lo del tren, “de aquella manera”, como puntualizó la conselleira de Infraestruturas, Ethel Vázquez. O sea, diferente, y menos AVE, que otros.

Alguien dirá, probablemente con razón, que a Galicia le toca casi siempre lo más raro. Hasta en las inauguraciones, algo que la diferencia a peor, pero hacerlo constar no es lagrimeo, sino hartazgo. Y provoca la insistencia en demandas de sus fuerzas “vivas” –en referencia a las gallegas, si es que las hay– que se pongan las pilas y presionen. Porque es más que posible que si lo hiciesen obtendrían incluso más resultado que el oficio político con certificado de origen: desde un punto de vista personal, podría ser esquimal. En el fondo, y visto lo visto, daría casi lo mismo.)

Y antes de rematar, otra queja, porque las coincidencias nunca vienen solas. El mundo pesquero gallego, que ha sido, y de algún modo aún lo es, protagonista histórico en lo que los modernos llaman “economía circular”, ha advertido, otra vez, de que la supresión del bonus del combustible es otra amenaza más no ya de que la flota tenga que parar, sino de que pueda desaparecer. Y en todas partes esas serían palabras mayores: aquí aún no se sabe, por lo que habrá que esperar y ver si en el Parlamento se habla de eso y a quién se responsabiliza: si a los que tienen la llave del petróleo y el gas, los oleoductos y los precios, o el resto, incluyendo a la Xunta, que siempre se lleva los palos. Y llevar el asunto a la Cámara serviría para ver dónde tiene la mente cada cual: si en el problema y su solución o soñando con los votos. Y aún falta mucho para pedirlos.

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