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Faro de Vigo

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Alberto González-Garcés Santiso

El nuevo espacio Vialia Vigo

Hace unos días se inauguró el nuevo conjunto cívico, urbano y comercial de la estación Vialia Vigo. Aunque ya había paseado por el interior durante las obras cuando se abrió el acceso por Vía Norte, como curioso ciudadano me acerqué a ver qué tal había quedado una vez finalizadas las obras. Sinceramente, me quedé sorprendido. Esperaba mucho. Pero me encontré con más.

Recordaba la pequeña antigua estación, ya deteriorada, en un espacio que se fue degradando hasta hacerse desesperante y me encontré con un imponente conjunto que incluye una potente estación de tren, un moderno y enorme centro comercial y un espacio urbano de gran categoría.

Entré por la plaza de la antigua estación y desde un ámbito abierto pasé a un espacio interior que, por efectos del proyecto, me pareció más amplio que el propio exterior. Buen y conseguido diseño de interiores que realza espacios haciéndolos aún más amplios de lo que realmente son, y lo son mucho.

Andas por el espacioso corredor central inundado de luz cenital y a mitad de camino te encuentras con el atrio que comunica verticalmente todas las plantas del edificio, desde la cubierta hasta, allá al fondo, el gran vestíbulo de acceso a las vías del tren.

El gran atrio me pareció espectacular. Luminoso. Amplísimo. Salvando alturas con escaleras y pasillos mecánicos por los que recorres el diáfano espacio disfrutando de un paseo arquitectónico que te hace observar distintos encuadres y apreciar como la luz impacta tanto en volúmenes como en superficies.

Si subes hasta la cubierta y bajas por los pasillos mecánicos centrales vas viendo frente a ti como se va descubriendo la ciudad y la ría. Y cuando llegas al fondo, al vestíbulo de la estación, mirando hacia arriba puedes ver como la luz va descendiendo y se va filtrando por espacios vacios. Para mí fue una sensación imponente.

Regresé a la planta por donde había entrado, la planta baja, y desde allí subí a la siguiente planta, la planta alta del centro comercial. Salí a la plaza exterior de esa planta, rodeada por varios restaurantes, con su faro blanco y rojo, parque para niños, con su acceso a los cines y en cuyo extremo sur hay un gran escenario y una enorme pantalla para conciertos y otros eventos. En el lado opuesto, el norte, vistas a la ría.

Vuelvo al interior del centro comercial y continúo por su planta alta, sigo el espléndido paseo lleno de luz que penetra por los amplios lucernarios. Llego nuevamente al atrio. Desde allí, después de pasar por el espacio Julio Verne y leer en las páginas colgadas del techo el capítulo sobre la Ría de Vigo de su libro “Veinte mil leguas de viaje submarino”, subo hasta la cubierta.

Gran plaza, espacio enorme. Hacia Vía Norte está protegido por un espectacular voladizo cuya baja altura comprime el espacio y le proporciona una escala humana. Camino hacia el lado opuesto, hasta el borde cuya terraza escalonada permite ver la ría con toda tranquilidad, como si de un anfiteatro se tratara. Extraordinarias vistas panorámicas sobre la ciudad y la ría. Bueno, el adefesio de las torres de la calle García Barbón impide una visión completa. Pero, de todas formas, lo que se ve merece la pena. Allí fui consciente de que quizá sea el único espacio urbano de Vigo en el que se puede pasear viendo la ciudad y la ría. Desde luego no hay otro de semejantes dimensiones. Es una gran aportación a la ciudad: un gran espacio abierto a la ciudad y la ría.

Mucha gente paseando, muchos niños jugando. Gran plaza pública, amplio espacio de esparcimiento. La ciudad se abre desde esta inmensa y nueva plaza. Las pérgolas, de impecable e impresionante diseño, envían un potente mensaje de modernidad.

Paseo disfrutando de algo nuevo, integrador de infraestructuras con el espacio público, pensado para que el conjunto se desarrolle de manera sostenible. Donde antes había un desnivel casi infranqueable y unas vías de tren que cortaban la ciudad en dos, ahora se ha conseguido un espacio que cohesiona el tejido urbano acercando y uniendo el área de Vía Norte y Casablanca con el centro de la ciudad. De esta manera no es de extrañar que haya recibido el premio a la mejor iniciativa de regeneración urbana otorgado en 2021 por la Asociación de promotores inmobiliarios de Madrid (Premio ASPRIMA-SIMA 2021).

Espero y deseo que este impresionante icono arquitectónico, diseñado por Thom Mayne en su estudio de arquitectura californiano “Morphosis” en colaboración con el estudio español BDU Arquitectura y con el apoyo de L35 Arquitectos, que desde el aire semeja un gran barco navegando por el centro de la ciudad, contribuya a estimular el crecimiento y la vitalidad de esta extraordinaria ciudad que es Vigo.

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