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Faro de Vigo

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Carmen Martínez-Fortún

¿Dónde va la derecha?

Una nunca se ha tragado el rollo de la superioridad moral de la izquierda. Considera el comunismo tan asesino y totalitario como el fascismo. Reconoce los logros de la socialdemocracia en la construcción del estado del bienestar que conjuga los derechos personales con la protección de los vulnerables y tiene a la libertad como el bien más grande. Por ello y pese a ello este gobierno le parece una desgracia. Se asombra de que unos mandatarios que gobernaron en pandemia de un modo nada democrático estén tan contentos de haberse conocido y, aparte de su vergonzosa actuación en el problema catalán, tanto sus actuaciones de gobierno, véase la ley de eutanasia, la de educación o la presunta derogación de la reforma laboral, como algunas personales, tal la mezquina utilización política de Mónica García en el atropello mortal de una pequeña en Madrid, la bobería de matria y elles o el odio a la cruz que llevó hace poco a derribarla en Son Servera al grito de un amabilísimo “a tomar por el c…”, le parecen un horror. Desea que su mandato pase rápido y espera las próximas elecciones para votar a la derecha… si se deja.

“Los votantes de centroderecha contemplamos atónitos la deriva fratricida de sus supuestos líderes”

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Una recuerda el modo vergonzoso e infantil en que un de capa caída Casado aprovechó la victoria aplastante de Ayuso para salir al balcón y pretender apropiarse del éxito ajeno. Un éxito que no es fruto de la casualidad, sino de un liderazgo eficaz y desacomplejado, que ha colocado a Madrid como el motor de España, guste o no la controvertida política. La cual hace poco aseguró que su objetivo no es la presidencia del partido ni de España. Eso no le ha bastado al líder de la oposición ni a todo el aparato para considerar una amenaza lo que, para los que aspiramos a que Sánchez se vaya, es una esperanza.

Los votantes de centroderecha contemplamos atónitos la deriva fratricida de sus supuestos líderes y constatamos cómo a algunos les mueve más la avaricia de una presunta poltrona, a la que por este camino nunca llegarán, que el bien de España. Así la izquierda podrá seguir a placer con sus políticas lesivas. Esto es lo que nos espera.

*Profesora

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