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¿Truco o financiamiento climático?

Van ya cinco jornadas de la COP26 en Glasgow y nadie quiere olvidarse del fondo de 100.000 millones de dólares anuales para ayudar en la transición energética de los países menos desarrollados. Ni los que lo desean ni tampoco los que lo critican. Entre estos hay enfado porque lo ven como el “truco o trato” de los países más pobres. Y ellos se defienden diciendo que a estas alturas de la historia, si no hay dinero habrá truco. En estos términos o parecidos se ha pronunciado el primer ministro indio. Narendra Modi anunció en la COP26 que la India necesita ayuda internacional urgente para acometer reformas intensas y revertir su adicción a los combustibles fósiles. De lo contrario –advirtió– las fechas que maneja para compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero se alargarían hasta 2070. En 2050, es lo que recomienda el IPCC, “los expertos”.

Pero es posible, como se dice en los mentideros, que el dinero acabe en “las manos de los de siempre” o que no cumpla su función. Aunque alguna oveja negra se puede colar, la verdad parece complicado porque son muchas las instituciones que controlan estos flujos. Desde bancos suprarregionales como el Banco Europeo de Inversiones o el Banco Caribeño de Desarrollo hasta las agencias para la cooperación al desarrollo y ministerios de exteriores de diferentes países. También organismos dependientes de Naciones Unidas y en especial el GEF, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial que gestiona el destino de los fondos.

"La financiación y el apoyo económico de los países más desarrollados es a día de hoy la mejor ayuda para combatir el cambio climático"

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De hecho, cuando hablamos del destino debemos ver más allá de cerrar la llave del gas en una planta térmica, la mudanza es transversal a toda la sociedad. Los recursos del financiamiento climático serán visibles en grandes proyectos y también patentes en el día a día. Y ese cambio viene del diálogo público-privado y se puede concretar en: medidas fiscales y políticas públicas que favorezcan adoptar actuaciones sostenibles; regulación financiera de bancos e instituciones para acometer un entorno de inversión más ambiental y sostenible; finanzas públicas de base sostenible como puede ser un banco verde para financiar las nuevas políticas; y, por último, formación para educar y concienciar sobre los riesgos y oportunidades climáticas.

La financiación y el apoyo económico de los países más desarrollados es a día de hoy la mejor ayuda para combatir el cambio climático. Además, gratis, hoy en día, ya nadie toca.

*Asesor en finanzas sostenibles

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