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Alberto González-Garcés Santiso

Las cosas sucedieron así

Estuve releyendo “El camino”, de Miguel Delibes, que comienza diciendo: “Las cosas podían haber acaecido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”. Qué curioso. Las cosas suceden como suceden. El realismo de Delibes, pensé. Sus novelas te sumergen en la realidad de lo cotidiano. En la vida misma.

Pero, dándole vueltas, recordé a uno de los escritores más imaginativos que conozco: Jorge Luis Borges. En su extraordinario relato “El jardín de los senderos que se bifurcan” hace decir a su personaje narrador: “Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos y siglos y solo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y en el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí…”. Al fin y al cabo, las cosas suceden como suceden y, además, todo lo que realmente pasa, ocurre ahora y me pasa a mí. Realismo e imaginación convergen de manera para mí inesperada.

Algo sobre lo que también reflexionaba John Lennon, buscando en su imaginación una realidad mejor: “Imagina toda la gente viviendo en el hoy”. Imaginación y realidad convergen en el hoy.

También estuve leyendo “Homo Deus”, de Yuval Noah Harari, muy conocido por su anterior libro “Sapiens”. En “Sapiens” parece que se nos dice que el mundo, las relaciones humanas, se basan en la confianza. Es hermoso. En “Homo Deus” parece que se nos indica que la gran virtud característica de la especie humana es la imaginación. Maravillosa forma de vernos a nosotros mismos.

“El humanismo, con el hombre como medida de todas las cosas y con la realidad de lo tangible como aparente base de su manera de ser, se asienta en la imaginación”

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De manera similar a Delibes y Borges, Harari nos dice que “las cosas, simplemente, ocurren, una después de otra. El mundo moderno no cree en la finalidad, solo en la causa. Si la modernidad tiene un lema, este es: así es la vida”.

Así es la vida, las cosas suceden así y siempre me pasan a mí y ahora…

Pero, al mismo tiempo, el humanismo, con la especie humana como medida de todas las cosas y con la realidad de lo tangible como aparente base de su manera de ser, resulta que se asienta realmente en la imaginación.

Así es la vida, somos lo que imaginamos.

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