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Carmen Martínez-Fortún

Ni con ellos ni sin ellos

La condena de Pedro Sánchez

Mientras el Rey reclama en Oviedo serenidad y sosiego para afrontar momentos decisivos del futuro y advierte de que los valores democráticos no nos vienen dados sino que su vigor demanda una defensa firme, en el seno del Gobierno reina el arrebato y el desasosiego, así como el cuestionamiento constante de la Justicia, uno de los poderes fundamentales cuya independencia de los otros dos, el ejecutivo y el legislativo, son las garantías del estado de derecho y de la democracia. Esa que, como no defendamos, puede sernos arrebatada.

La exquisita Ione Belarra, impuesta por Iglesias, ha escrito en Twitter que Alberto Rodríguez fue condenado con las pruebas en contra para arrebatarle el escaño al pacífico muchacho. Luego acusa al Supremo y a Batet de prevaricación y a continuación el partido se querella contra la presidenta del Congreso tan solo horas después de que la misma Belarra formara un escándalo mayúsculo y pidiera la convocatoria de la mesa de crisis de la coalición –sea eso lo que sea– acusando de injerencia a Calviño y reclamando para Yolanda Díaz el mando de las negociaciones laborales. ¿Mucha casualidad que ese sonado desencuentro se produzca justo cuando fructifican las conversaciones entre PSOE y PP?

Unidas Podemos es un partido escasamente constitucionalista y que no conoce a Montesquieu. Muchos de sus miembros están imputados, aunque con su penosa costumbre de adaptar su código ético a sus necesidades coyunturales, ya no tienen que abandonar la formación y son defendidos hasta la desobediencia como en el caso del diputado mencionado o recogidos en un chiringuito ministerial como ha hecho Montero con Isa Serra. Su estrategia de escándalo, jaleo, querellas y señalamientos con el dedo, señas de identidad de Unidas Podemos desde que empezara su andadura ya en sus inicios como casi antisistema ya ahora con importantes responsabilidades ejecutivas, no engaña a casi nadie. El problema de Sánchez es que ni con ellos ni sin ellos tienen sus males remedio. Sin ellos no sería presidente, pero con ellos no puede gobernar.

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