El pasado 21 de septiembre, el diario El Mundo publicaba una entrevista con el biólogo franco-canadiense Daniel Pauly, con motivo de la concesión al mismo de un importante premio por parte de una entidad bancaria española. En dicha entrevista, el conocido científico proyectaba una imagen extremadamente negativa del sector pesquero (particularmente del industrial) y más concretamente, del sector pesquero español.

Que una personalidad internacional reciba un premio en España por denostar a la industria española quizá no sea tan extraño: se inscribe en esa tradicional tendencia de las élites españolas a aceptar de manera acrítica la leyenda negra creada por los adversarios de nuestro país. Porque en la entrevista con el profesor Pauly se incluyen muchos de los elementos que tradicionalmente han creado una imagen muy negativa de la pesca en general, y de la pesca española en particular. Por ello es importante hacer algunas puntualizaciones.

En primer lugar, el ser un científico reconocido con premios no le impide a nadie cometer errores de bulto. El profesor Pauly, sin ir más lejos, se extraña de que en el puerto de Valencia no ha visto bacalao, y achaca este hecho a la sobreexplotación pesquera. Que un científico famoso ignore que el bacalao es un pez de aguas frías que nunca ha existido en el Mediterráneo no parece una carta de presentación ideal para dar credibilidad a su discurso.

Pero el profesor Pauly aprovecha para acusar a la flota española de ser el equivalente europeo de lo que la flota China representa en el mundo. El profesor Pauly ignora que la flota española de altura lleva ya varias décadas reduciendo su número como resultado de las restricciones impuestas por la UE. Al mismo tiempo, la flota china continúa creciendo hoy en día a niveles fuera de control, y en la actualidad alcanza en torno a los 3.000 buques de altura y gran altura, de los que un tercio enarbolan pabellón chino y dos tercios están inscritos con banderas de conveniencia, constituyendo la principal fuente de pesca ilegal en el mundo. Mientras tanto, la UE y España lideran la lucha mundial contra la pesca ilegal. Comparar las flotas española y China es algo que solo se explica por la absoluta ignorancia. O por la mala fe.

Porque la postura del profesor Pauly no es un caso aislado: se inscribe en una tendencia, en años recientes, a desacreditar a la pesca como actividad destructiva. Y esta tendencia no se observa solo a través del activismo de ciertas ONGs ambientalistas bien conocidas, sino que se apoya cada vez más en artículos de carácter científico que cabe calificar como pseudo-ciencia. Dos ejemplos: en años recientes se ha publicado en una prestigiosa revista científica internacional un artículo en el que se afirma que el efecto global del arrastre sobre los fondos marinos es mayor que el efecto de la agricultura en tierra. Teniendo en cuenta que la agricultura existe desde hace milenios, y el arrastre de fondo comenzó en el Canal de la Mancha en la década de 1880, semejante aserto ofende al sentido común. Igual que otro artículo, muy reciente, en el que se afirma que mientras el 25% de la superficie terrestre está “intacto”, solo lo está el 3% de los océanos. No hace falta ser científico para reaccionar con asombro ante tales afirmaciones.

La pesca tiene un serio problema de imagen; muy particularmente la de nuestro país. Y esa mala imagen tiene efectos negativos en la toma de decisiones en materia de pesca. Y aún más, en la toma de decisiones en otros ámbitos (en particular el medioambiental) que tienen una incidencia creciente sobre la pesca. Ante este fenómeno, la propia industria pesquera y las administraciones responsables tienen que defender el relato objetivo y equilibrado de la actividad pesquera, con sus luces y sus sombras, y no aceptar esa imagen tan negativa construida con intereses ocultos, mala fe y pseudociencia.

Naturalmente no se trata de defender a la industria pesquera como si fuera un sector inocente y angelical. Todos sabemos que en la pesca española y europea hay casos de sobreexplotación, hay infracciones, hay irregularidades. Como en cualquier otro sector económico. Pero no existe ninguna base objetiva para argumentar que la industria pesquera es peor, en ningún sentido, que ningún otro sector económico, ni que deba ser condenada a las cloacas de la historia.

*Experto en gestión pesquera