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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La oportunidad

La verdad –demostrada con mayor o menor detalle por la historia reciente– es que los debates acerca del Estado de la Autonomía, como el que comienza hoy. ofrecen siempre una muy parecida perspectiva en positivo y otra, en negativo. que suele ser la que con puntualidad anual, ocurre. La primera es la de resultar una oportunidad tan buena como las demás sesiones plenarias del Parlamento; o mejor, porque ésta es una especie de repaso general con todo y de todos a la tarea global de la Xunta, y posibilita enfocar con algo más de calma los fallos y los aciertos globales.

Ítem más: facilita sacar consecuencias para alcanzar acuerdos allí donde se necesitan. La segunda perspectiva es limitar la sesión a un recital del clásico “nada es verdad o mentira sino del color del cristal con que se mira”. Sólo que a veces con dialéctica impropia no ya de representantes de la ciudadanía sino de la educación cívica básica. Y la tradición demuestra, como quedó dicho, que aún con la mejor intención de salida, esta segunda posibilidad es la que escogen sus señorías hasta constituir ya una tradición. Que daña, por cierto, la imagen de la Cámara.

Así, la posibilidad de hallar terreno común para acuerdos necesarios no pasa de una hipótesis deseable pero improbable. Algunos observadores siguen creyendo que hay varias cuestiones en las que urge una entente no sólo de fondo sino también de compromiso duradero. O sea, más allá de una legislatura para encontrar salidas a las crisis que se esperan y que hay que prevenir. Y que no se analizan bien a causa de un espejismo que el buen clima de este mes. los festivos, la afluencia de visitantes y las ganas de recobrar los ánimos produjeron en la sociedad galaica.

Lo que viene –dicho sea sin ánimo de aguar la fiesta– es el cambio climático, la caída demográfica que no cesa y sus secuelas, además de otros asuntos más coyunturales pero igualmente graves como el encarecimiento del coste de la vida tras las alzas de precios en la energía, los transportes y determinados servicios básicos. En definitiva, debería haber espacio en el Parlamento para lograr acuerdos “de país”, de los que todos los grupos hablan pero nadie se decide a enfocar de verdad. Con la Xunta y la mayoría que la respalda en primer lugar, por supuesto, porque son a quienes corresponden las iniciativas, pero también con el sentido de lo común que la oposición debe emplear a la hora de ejercer.

Es posible que plantear todo ello sea soñar: queda dicho que la tradición parlamentaria gallega no va precisamente por ese camino. Cierto que en alguna ocasión muy concreta, y en varias otras de alguna trascendencia, hubo acuerdos pero o no se cumplieron o nacieron muertos. Ahora mismo. tras la pandemia, sus terribles consecuencias en vidas y bienes, la constatación de las pérdidas de empleo y la falta de soluciones claras debieran ser el centro del debate y, conviene repetirlo, una gran oportunidad para pensar sólo en Galicia y actuar en consecuencia. Si alguien cree que ninguno de ellos no exige acuerdos, allá quien tal haga, pero correrá riesgo electoral. La gente del común tiene memoria.

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