El resultado del estudio acometido por la firma especializada Arbogal sobre la situación de los árboles de la Alameda no puede ser más preocupante, por más que sus técnicos traten en su informe de sacarle hierro al asunto: un total de 77 ejemplares se encuentran en mal estado, con riesgo de desplome, sobre un total de 112. Solo 17 parece que están plenamente sanos.

El concejal socialista Iván Puentes, encargado de su vigilancia y mantenimiento, ha estado raudo al anunciar la tala inmediata de los cuatro árboles en peor estado. También ha actuado con responsabilidad al contratar el propio estudio del conjunto arbóreo para disponer de un diagnóstico y actuar en consecuencia, con pleno conocimiento de causa. Pero a la letra del informe en cuestión ahora el edil tiene que ponerle música para completar la melodía. La una sin la otra, no sirven para nada.

Arbogal no descubre nada nuevo bajo el sol cuando achaca el mal estado de los árboles de la Alameda a su mucha edad, así como al abandono doloso y el mal trato recibido en distintas épocas del último siglo, una circunstancia que considera generalizada aquí y allá. Mal de muchos, consuelo de tontos.

Todo eso parece cierto, pero no por ello resulta menos deplorable, ni exonera a algunas corporaciones pontevedresas por las barrabasadas cometidas. No hace muchos días que acaba de desplomarse otro árbol en Mondariz con resultado de muerte, y aquí pudo ocurrir lo mismo recientemente con la caída de otro ejemplar enfermo sobre la propia avenida de Montero Ríos. Si el riesgo cero no existe para el comportamiento del arbolado, si podemos acercarnos mucho con una supervisión atenta y responsable.

El concejal tiene por delante en parques y jardines una tarea ingente, en buena medida heredada de sus antecesores-as inmediatos en los sucesivos gobiernos municipales del alcalde Lores, que no hicieron bien todos esos deberes, quizá más atentos a otros menesteres clientelares.

El Meollo de la cuestión está en vislumbrar si más allá de sus buenos propósitos, el concejal Iván Puentes va a cumplir o no antes de finalizar su mandato con el anunciado compromiso de magnificar la Alameda y darle todo el lustre que merece un lugar tan cargado de historia y tan querido por generaciones de pontevedreses.