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Charo Izquierdo opinadora

Horizonte en llamas

Podría parecer que hablo de La Palma, de cuyo bello paisaje no dejo de acordarme, por cierto. Pero no, no es necesario dirigir la mirada a la isla para ver el horizonte en llamas o una línea en la que aparece una tragedia sobre la que podemos actuar, y no es precisamente la volcánica, aunque mueve mucho magma.

Hace unos días tuve la inmensa suerte de escuchar a una gran amiga, María Eugenia Girón, en la primera sesión del programa “El Consejo frente al reto de la sostenibilidad global en la nueva economía”, organizado por Valora y Altopartners. Hablando sobre los nuevos requerimientos de los consejeros en relación con la sostenibilidad, se refirió a una conferencia del gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, titulada “Rompiendo la tragedia del horizonte” que he medio-parafraseado. Podría parecer que me he vuelto pesimista, tanto referirme a dramas. Para nada. ¿Lo es él? Tampoco. Simplemente su tesis de que estamos actuando sobre un horizonte que no vamos a conocer me pareció tan clarividente que la guardo como un mantra. Porque todos, o casi todos, los asuntos relacionados con la sostenibilidad sobre los que trabajamos hoy encontrarán soluciones que, en su conjunto, no veremos simplemente porque ya no estaremos, logros muy a largo plazo. E insistía varias veces María Eugenia en las horas de aquella primera sesión del curso en que la mirada sostenible lo es a muy largo plazo.

Quiso la casualidad, o la estacionalidad, que a los pocos días presentásemos el informe “La transformación sostenible en el sector textil”, en la pasarela Mercedes Benz Fashion Week Madrid y en la feria de moda MOMAD, en este caso, con una mesa redonda sobre la importancia de la economía circular, que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha definido como el antídoto contra el veneno de la moda rápida. Y he utilizado la primera persona del plural, presentamos, no por error sino porque la exposición la realizó el grupo de Transformación Social de la asociación WAS (Women Action Sustainability) del que formo parte y en cuya realización, a cargo de la consultora KPMG, he tomado parte activa. Leyendo las conclusiones del informe, fui consciente de que, realmente, la sostenibilidad es una carrera de largo recorrido, pero que el sector de la moda se está tomando muy en serio, trabajando por etapas. Podría decirse en plan castizo que se está poniendo la pila una cadena de valor que en este vector de la industria es larga y compleja. De hecho, según se desprende del estudio, casi un 30% del sector en España se considera preparado para responder con un modelo más sostenible.

"La sostenibilidad es una carrera de largo recorrido que el sector de la moda se está tomando muy en serio, trabajando por etapas"

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El estudio, en el que han participado diferentes profesionales del mundo fashion y que se ha centrado en lo más complejo de la cadena, la producción, pone de manifiesto las dificultades económicas y tecnológicas a la hora de realizar la transición hacia un modelo sostenible. Concretamente, los principales frenos son los costes de los procesos (66,7%), los costes generados a corto plazo en innovación e investigación (57,1%) y la falta de tecnología (47,6%). El modelo debe pasar del actual lineal a uno circular, en el que la vida de las prendas no acabe cuando estas dejan de usarse o pasan a la categoría de invendidas, sino que puedan convertirse en otros productos o pasar a manos de otros consumidores, gracias a un modelo en el que se alquile, se recupere, se recicle o se venda como prenda de segunda mano. Son solo algunas ideas. Palancas hay muchas y la de la concienciación es vital. De las empresas que producen. De las responsables de materiales y tejidos. De los diseñadores. De las marcas. Del retail. De la distribución. De la tecnología. Y desde luego de los consumidores. Ni uno puede bajarse de este tren. Ni fallar en el camino hacia un mundo más sostenible en el que la moda cuenta con un poderoso nivel de transformación, por su influencia sobre millones de seres. Estos deben ser conscientes del acto de consumir y de la repercusión de su consumo. Todo no lo podemos. Pero de mucho somos capaces y responsables. Y cada vez es más frecuente (o quiero creerlo) pensar no ya en qué puede hacer la sociedad para mi bien común presente y futuro, sino qué puedo hacer yo, como consumidor, en la consecución de un mundo mejor. Todo para que no tengamos que hablar de una tragedia en el horizonte.

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