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Matías Vallés.

Al azar

Matías Vallés

El 11-S aplasta al 11-M en España

Las conmemoraciones del vigésimo aniversario del 11-S han gozado del rango de un acontecimiento vigente, como si acabara de ocurrir. En Nueva York y aledaños existe la disculpa de la implicación geográfica, por no hablar del retorno triunfal de los talibanes auspiciado por Washington. Sin embargo, la caída de las Torres Gemelas en 2001 ha sido evocada en España con una fidelidad y apasionamiento que superan la evidencia de que Estados Unidos somos todos. Con el agravante de que Madrid acogió una réplica del seísmo inicial, con cuatro trenes en lugar de cuatro aviones y el mismo día del mes, que se llama 11-M. Cualquier exceso en la celebración del original redunda en un eclipse del mayor atentado de la historia en suelo europeo, solo superado en el cielo por Lockerbie.

Todo español con derecho a presencia mediática ha refrescado en éxtasis y con todo detalle qué estaba haciendo cuando se enteró del 11-S, menú incluido. Y eso que han transcurrido dos décadas desde el ataque de Arabia Saudí (15 de los 19 terroristas) contra Estados Unidos. Habrá que aguardar a marzo de 2024 para confirmar la tesis de este artículo, pero el mensaje aquí introducido en una botella sostiene que en ningún caso se observará el mismo fervor, esa fascinación neoyorquina que no puede igualar ninguna otra localización. ¿Cuántas películas se ruedan sobre un presidente amenazado que no sea el estadounidense?

“La voladura del símbolo de las inmediaciones de Wall Street aplasta en su caída a la tragedia de los trenes suburbiales de Atocha”

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Y sí, hay clasismo, tan difícil de admitir que lo empotramos en el último párrafo. La voladura del símbolo de las inmediaciones de Wall Street aplasta en su caída a la tragedia de los trenes suburbiales de Atocha. De nada vale balbucear la magnitud comparada de las matanzas. Los tres mil muertos del 11-S, sepultados también en el recuerdo por el poder sagrado de las Torres, se mantienen en el rango demográfico de las doscientas víctimas mortales de Madrid. Una tragedia en Nueva York se transmite a todo el mundo, absorbiendo incluso a quienes podrían dolerse de un trauma propio equivalente.

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