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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Como en los tiempos de Dickens

Como en los tiempos de Charles Dickens, nuestra patronal ha vuelto a mostrar su rostro más feo en las negociaciones entre el Gobierno y los agentes sociales para la subida del salario mínimo interprofesional.

Los empresarios no han querido saber nada del pacto finalmente alcanzado entre la coalición gobernante y los sindicatos, que deja ese salario en 965 euros mensuales en catorce pagas.

Ese salario es en nuestra vecina Francia, por ejemplo, de más de 1.500 euros mensuales, pero a nuestra cicatera patronal una subida ridícula 15 euros al mes debió de parecerles un abuso de los trabajadores.

En sus estrechas mentes económicas no parece caber la idea de que, lejos de destruir empleo, como sostienen algunos, los mayores sueldos aumentan la capacidad adquisitiva de la gente y permiten así vender más y crecer a las propias empresas.

Hay una queja generalizada de que una de las causas de la notable caída de la natalidad en este país se debe precisamente al hecho de que muchos jóvenes no pueden independizarse y montar un hogar propio.

La patronal, al igual que la vicepresidenta económica del Gobierno socialista, tan atenta siempre a lo que viene de la UE cuando de austeridad se trata, no ha querido escuchar esta vez a Bruselas, que animaba a los Estados a aumentar el salario mínimo por lo menos hasta el 60 por ciento del sueldo mediano.

En España, ello significaría incrementarlo hasta un mínimo de 1.200 euros brutos mensuales, en cualquier caso todavía muy por debajo de los 2.202 euros de Luxemburgo, los 1.724 de Irlanda, los 1.626 de Bélgica, los 1.555 de Francia o de los 1.614 de Alemania, países todos ellos mucho más prósperos que el nuestro.

Tienen pues toda la razón los sindicatos en un país donde no deja de subir el coste de la vida, y de modo muy especial los alquileres, cuando aspiran a que el salario mínimo interprofesional se sitúe como mínimo en mil euros mensuales. ¿Es acaso mucho pedir cuando vemos lo que ocurre al otro lado de los Pirineos?

La noticia del plante de la CEOE se produce solo poco después de que las eléctricas amenazaran, en plan chantaje, con parar las centrales nucleares, algo a lo que por cierto no tienen derecho, si el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en su plan de recortar sus excesivos y para nada justificados beneficios.

La patronal se muestra crecida últimamente, y un Gobierno que se dice progresista haría muy bien en poner a los empresarios en su sitio porque para el compadreo ya tienen estos al PP, que con su estrategia de “a la izquierda, ni agua”, parece creer cada vez más cerca su regreso a la Moncloa.

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