De todas las declaraciones desafortunadas a las que nos tiene acostumbrados el presidente del Gobierno, la que hizo el otro día, durante una entrevista en TVE, es de las que se lleva la palma, a saber: “Hemos vacunado a todo el mundo y no hemos preguntado su origen, ni su creencia, ni lo que votaban”. Porque lo más grave del caso, es que, en mi opinión, en esta manifestación subyace un claro sentimiento sectario y discriminatorio, en el sentido de que, deja entrever, que lo más oportuno hubiera sido que solo se vacunaran los simpatizantes de su ideología, o que si el proceso de vacunación se llevó a efecto de forma unánime e indistintamente para todos, lo fue por imperativo legal, lo que no deja de ser una declaración de lo más irresponsable e incomprensible, dada la fuente de quien procede.

Dicho esto, ya solo me cabe referir: “Gracias pues, señor Sánchez, por permitir vacunarme, a pesar de no haberle votado, y estar en desacuerdo con su política partidista e interesada, en la gestión económica y social de España”. Y poderlo hacer sin ningún problema, suerte que no corrieron algunos ciudadanos, como los miembros de las FyCSE en Cataluña, que tuvieron que apelar a sus derechos constitucionales, para conseguirlo, eso sí en fechas posteriores, a las que legalmente les correspondía.