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El meollo

Bicicletas y patinetes

El balance ofrecido por la Policía Municipal sobre las denuncias tramitadas, así como los accidentes registrados en esta ciudad por patinetes y bicicletas durante los primeros ocho meses del presente año, entre enero y agosto, llama poderosamente la atención por su número tan pequeño, casi insignificante. Aquí no pasa nada.

Cualquiera diría que de eso se trata; sobre todo, de minimizar las infracciones, como si los ocupantes de ambos vehículos destacaran por su prudencia y responsabilidad en el cumplimiento de la normativa que fija para su movilidad la calzada y no la acera.

Nada más lejos de la realidad; todo lo contrario. La situación dista muchos de parecer tan idílica, como saben bien quienes andan o pasean a diario por las calles pontevedresas. El peligro acecha a la vuelta de la esquina.

La estadística oficial sobre los desplazamientos en patinetes solamente recoge en todo ese tiempo dos denuncias, dos -una cada cuatro meses- por circular sobre aceras, al tiempo que únicamente registra tres accidentes. Menos da una piedra en el camino. Y las incidencias por la movilidad de las bicicletas se incrementan un poco más, aunque resultan en su conjunto igualmente exiguas: nueve denuncias y siete accidentes.

Un balance tan corto se antoja directamente proporcional a la visibilidad tan limitada que ofrece la Policía Municipal; en general, muy poca por no decir que ninguna, seguro que por causas ajenas a su voluntad. Por otra parte, una conclusión bienintencionada al respecto sería que los milagros están a la orden del día en esta bendita ciudad. Verdaderamente asombroso resulta que, visto lo visto, no contabilicemos más accidentes provocados por los patinetes y las bicicletas que campan a sus anchas, aquí y allá.

La flamante Ordenanza de Mobilidade, que va a cumplir un año de vigencia, parece una verdadera desconocida para muchos de aquellos que tienen la obligación de conocerla bien por su implicación directa.

El Meollo de la cuestión está en saber cómo valoran muchos ciudadanos esa permisividad manifiesta, que tolera a ciclistas y patinadores andar por las aceras de cualquier forma, a velocidades inadecuadas, pese a la rotunda prohibición establecida y, de paso, saber también la cara que han puesto al conocer esa hoja de servicios presentada por la Policía Municipal.

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