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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Posible coalición rojiverde en Alemania

La campaña para las elecciones alemanas del 26 de septiembre se había caracterizado hasta ahora más por las anécdotas o la personalidad de los candidatos a suceder a Angela Merkel que por las propuestas programáticas.

Que si la líder de los Verdes, Annalena Baerbock, exageró su currículo y además plagió para un libro, que si el líder cristianodemócrata, Armin Laschet, soltó una sonora carcajada cuando no debía durante las recientes inundaciones en el “land” que gobierna.

Todo el mundo parece de acuerdo en que Los Verdes deberían haber elegido, en lugar de a Baerbock, al copresidente del partido, Robert Habeck, un político más maduro y con experiencia de gobierno regional.

En el caso de los cristianodemócratas, el veredicto casi unánime es que el líder cristianosocial y jefe del Gobierno de Baviera, Markus Söder, habría hecho mejor papel que Laschet, que fue, sin embargo, el elegido por la mayoría de un partido más dividido que nunca.

El único que parecía salvarse era el líder socialdemócrata, actual vicecanciller federal y ministro de Hacienda, Olaf Scholz, pero se vio también salpicado –aunque fuese “in vigilando”– por un escándalo de corrupción económica.

A juzgar por los últimos sondeos, en los que se perfila como favorito, los ciudadanos parecen pese a todo confiar en este último más que en sus rivales. Y también, por cierto, más que en su propio partido socialdemócrata, que hasta unos meses parecía en caída libre.

Al margen de las más o menos desafortunadas anécdotas de unos y otros, el electorado parece prestar mayor atención últimamente, como debe ser, a los programas de los partidos, y hay claras diferencias entre ellos.

Al margen de anécdotas, el electorado alemán presta atención últimamente, como debe ser, a los programas de los partidos

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Así, por ejemplo, en materia de política laboral, socialdemócratas y Verdes abogan por un salario mínimo de 12 euros frente a los 9,82 que defienden tanto la CDU (crisitianodemócratas) como el FDP (liberales).

En política social, los ecologistas, pero también el SPD, quieren acabar, por discriminatoria, con un tipo de ayuda social conocida como Hartz IV y canalizada a través de las oficinas de empleo, que exige cumplir requisitos muy estrictos y va acompañada de duras sanciones en caso de incumplimiento. La derecha (CDU/CSU y FDP) está a favor de mantenerla.

En cuanto a la vivienda, cada vez más cara en Alemania, donde un par de compañías controlan buena parte del mercado en las grandes ciudades, los dos partidos de centro-izquierda –socialdemócratas y Verdes– quieren ampliar “ma non troppo” los derechos de los inquilinos y la derecha, favorecer, en cambio, a los propietarios.

En política europea, el centroizquierda está a favor de flexibilizar las reglas de endeudamiento para hacer posibles mayores inversiones destinadas a la transición digital y ecológica mientras que la derecha aspira a todo lo contrario.

Hay también diferencias en política fiscal: hasta los 100.000 euros al año, todos los partidos excepto Die Linke (la izquierda excomunista) proponen ciertas desgravaciones en el impuesto sobre la renta.

Quienes ganen más de 200.000 euros al año y vivan solos deberían pagar, según el SPD y los Verdes, 2.500 euros más en impuestos.

Por el contrario, los liberales pretenden desgravar a los de ese tramo en 10.005 euros y la CDU/CSU, en 4.514, según cálculos publicados por el semanario “Die Zeit”.

Las desgravaciones fiscales propuestas por los liberales reducirían la recaudación fiscal del Estado federal y de los “laender” en 73.100 millones de euros anuales, lo que corresponde al 13 por ciento del presupuesto.

La caída de los ingresos fiscales en el caso de aceptarse la propuesta socialdemócrata sería de 11.100 millones y de 2.400 millones, de triunfar la de los Verdes.

Como explica muy bien “Die Zeit”, la cuestión que se plantea es el papel que debe desempeñar el Estado en la transformación ecológica.

La derecha quiere que el Estado se limite a fijar el marco general de actuación del sector privado mientras que para la izquierda, aquél debe ser el principal motor de transformación económica.

Los sondeos apuntan en principio a un gobierno rojiverde –probablemente–, lo que dificultaría las cosas, con un tercer partido: los liberales o Die Linke, ambos antagónicos.

Pero todo puede cambiar en el último momento. Toca decidir a los ciudadanos.

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