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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

Noruega y Svalbard: intolerable creación de una posición de dominio en el mercado europeo

Lo que Noruega pretende en Svalbard, imponiendo en contra de un Tratado Internacional su ilegal interpretación del reparto de cuotas de bacalao, es propio de un estado “gamberro” (Rogue state), que además amenaza con la utilización ilegal de la violencia contra los buques de la Unión Europea, en forma de apresamiento, y esto ya daría lugar por este hecho a la adopción legal de medidas de retorsión por parte del Estado cuyo buque fuera apresado.

Noruega y Svalbard: intolerable creación de una posición de dominio en el mercado europeo

La adopción de medidas de retorsión es un derecho soberano de cualquier Estado miembro que pudiera verse afectado, y no estaría sujeto a ningún permiso previo de las Instituciones comunitarias. Pero quiero hoy analizar las cosas desde el prisma de la política de la competencia de la Unión Europea y del Espacio Económico Europeo.

Lo que está pretendiendo Noruega es crear una posición dominante en el mercado europeo de la pesca mediante la exclusión ilegal de los buques de bandera de la Unión Europea de los caladeros de Svalbard. O sea, los buques noruegos y los rusos (con los que los noruegos no se atreven) se guardan para sí la parte del león. Como consecuencia, los noruegos pueden producir mucho más bacalao que los europeos y, además, gracias al Tratado del Espacio Económico Europeo, tienen acceso libre y sin aranceles. Pero para colmo de la desfachatez, Noruega restringe el acceso del capital pesquero europeo a inversiones en este sector y esto atenta contra una de las libertades esenciales del mercado único, como son la libertad de movimientos de capitales, personas y servicios. Imposible más desfachatez que tiene que terminar más pronto que tarde, ya que el tratado EEE solo sirve a los intereses de países que niegan estas libertades.

Pero si se contempla desde el prisma de la política de la competencia en materia de Ayudas de Estado, esta acción global de Noruega puede considerarse como una ayuda de Estado ilícita, ante lo que la Comisión Europea tendría que actuar de oficio o mediante denuncia de particulares afectados, es decir, el sector pesquero europeo.

Bien es sabido que las acciones anticompetitivas han de ser analizadas por los efectos que producen, y también la jurisprudencia comunitaria ha dejado claro que las ayudas de Estado no tienen que tener únicamente un aspecto financiero sino que, en resumen, se pueden considerar ayudas de Estado, todas aquellas acciones realizadas por un Estado que: 1) confieran a las empresas una ventaja; 2) que esté propiciadas por un Estado o a través de los recursos de un Estado; 3)que favorezcan a ciertas empresas o a la producción de ciertos bienes; 4) que distorsionen la competencia; y 5) que afecten al comercio entre Estados. Pues bien, blanco y en botella: la acción de Noruega en Svalbard, que ya es ilegal por violar lo estipulado en el Tratado de París mediante el que se le cedió la soberanía con condiciones de trato equivalente a todos los países signatarios, es también ilegal bajo los condicionantes de la política de la competencia que afecta no solo a la Unión Europea, sino a todos los países que componen el Espacio Económico Europeo entre los que se cuenta Noruega.

Además de todo ello, es ya el momento de parar a todos aquellos países que pretenden mediante acciones ilegales consolidar una soberanía que el derecho internacional no les otorga. Ni se puede permitir que Noruega interprete como le da la gana el Tratado de París, ni se pueden tolerar acciones violentas sobre los buques de la Unión Europea, ni tampoco se pude reconocer la soberanía de, por ejemplo, Marruecos sobre el Sahara Occidental territorio del que es una potencia ocupante y que a través de innumerables resoluciones de Naciones Unidas se ha determinado que pertenece a los saharauis. Las Instituciones de la Unión Europea no pueden ser pasivas ante estos hechos, pero si lo son, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea las pondrá en su sitio.

Y atención, porque los países de la Unión Europea tienen también el derecho de explotar, si los hubiera, los recursos petrolíferos en torno a Svalbard en pie de igualdad con Noruega. Defendamos el derecho internacional y los derechos individuales de los ciudadanos de la Unión, aunque no sean tan rubios y tan guays como se supone que son los noruegos. ¡Ya está bien! Salvo que pretendamos que el euroescepticismo aumente entre nuestros ciudadanos y eso sí que es un drama mucho mayor que un posible enfrentamiento con Noruega.

*Exconselleiro de Pesca

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