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Aterriza como puedas

La suspensión de la ampliación del aeropuerto de El Prat en Barcelona tiene todos los condimentos de una comedia de enredo político. De un previo acuerdo, 2 de agosto, entre el Gobierno central y la Generalitat se ha pasado, en apenas un mes, al grouchiano descuelgue sucesivo de la partes contratantes de todas las partes: un perfecto compendio de cómo van las cosas en y con Cataluña.

Cualquiera que haya volado a aquel aeropuerto habrá tenido oportunidad de comprobar el grado de afectación de las actuales pistas al colindante delta del Llobregat. Imaginar una nueva ampliación de la terminal sobre aquél frágil entorno hubiera exigido los más alambicados consensos sobre la arquitectura competencial, la ampliación del ámbito protegido, la renaturalización del área afectada y, en última instancia, la aprobación ambiental de la Comisión Europea. Tareas ímprobas en el actual escenario político catalán.

Sánchez tiene la responsabilidad de impulsar la regeneración económica del país en su conjunto

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El asunto, como todas las grandes infraestructuras, ofrece numerosas oportunidades y amenazas que Joan Herrera y Andreu Mas-Colell –dos catalanes inteligentes y reposados– han sintetizado en recientes artículos. En cualquier caso, la realidad política de Cataluña dista mucho de reunir las condiciones para abordar estas cuestiones que requieren la complicidad y sutilidad de los esfuerzos mancomunados. A diferencia del País Vasco donde el PNV ejerce de partido hegemónico, la recuperación económica y social orienta la acción del ejecutivo y se ha interiorizado la tesis del filósofo Daniel Innerarity sobre las soberanías compartidas, la política catalana continúa instalada en las coordenadas de la amnistía y el derecho a decidir, la ausencia de liderazgo político, la negación de las representaciones institucionales y la pugna política de todos contra todos.

El presidente Sánchez, jefe de un gobierno progresista y diverso, tiene la responsabilidad de impulsar la regeneración económica del país en su conjunto. El gesto no exento de soberbia que ha tenido con El Prat, retirando la inversión anunciada, desdice de la mutua complicidad y la autoridad del president Aragonés asumiéndose, por añadidura, el doble riesgo de enviar un mensaje equivocado a muchos catalanes que puedan sentirse agraviados unos y abandonados otros. El desiderátum de todo ello, aún más y por contraste, será la consolidación de Madrid como paraíso de los negocios con baja fiscalidad: una ofensa creciente para el conjunto del país.

En última instancia, la reactivada inflamación catalana a cuenta de El Prat ha provocado una situación disparatada a la altura de Aterriza como puedas, aquella película de 1980 que parodiaba el género de desastres. Imagino a Sánchez y Aragonés, cada uno en su torre de control, como al poliadicto Steve McCroskey (Lloyd Bridges) confesando lo inoportuno del día elegido para dejar de fumar.

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