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Juan Tapia.

Nuestro mundo es el mundo

Juan Tapia

¿Un curso político endiablado?

La ruptura entre el PSOE y ERC sobre el aeropuerto de Barcelona es un mal punto de partida para la política catalana

Es chocante. Lo que podríamos llamar “los fundamentales” van bastante bien. España es uno de los países con mayor porcentaje de vacunados, más del 70%. Pese al ruido, el estado autonómico ha reaccionado bien a una pandemia imprevisible. La economía rebota y este año se prevé un crecimiento mínimo del 5%. Las cifras de empleo del verano son alentadoras. La acogida en Torrejón a los afganos que han logrado huir ha sido juzgada modélica por la presidenta de la Comisión Europea...

¿Un curso político endiablado?

El diálogo social se tensa, pero no se rompe, en el delicado asunto del salario mínimo. La cúpula patronal no quiere (o no puede) ceder, pero no desea abandonar el diálogo. Empresarios y sindicatos saben que los Ertes han permitido sobrevivir y que el Estado sólo los ha podido financiar con la ayuda del BCE. Estamos en Europa, que no es el paraíso, pero que está lejos de ser el peor lugar del mundo.

El balance es más que aceptable y sin embargo escuchando los informativos de TV o leyendo las cabeceras de los diarios parece que España esté al borde el precipicio: subida continua del precio de la luz, atropellos a los niños marroquíes en Ceuta, aumento de los delitos de odio, continuas crisis políticas... ¿Estamos de verdad al borde del precipicio? Giscard d’Estaign tomó distancias del general de Gaulle con aquella célebre frase: “Oui, mais” (Sí, pero). Aquí, no estamos al borde del precipicio, pero…

Pero quizás no hay ningún otro país del mundo civilizado en el que las relaciones entre los dos principales partidos sean tan tóxicas. Ni en Estados Unidos, porque Trump no manda sobre todos los republicanos. La no renovación, 1.000 días después de lo ordenado en la Constitución, del Consejo del Poder Judicial es lo más espectacular. Y si el PSOE y el PP no pueden acordar absolutamente nada, España va con una pata coja.

Además, propaganda aparte, el PSOE está débil y el PP también. Bloqueo entre los dos principales partidos, y los dos arrastrando serios problemas. Lo peor de lo peor.

El gran problema de Pedro Sánchez no es sólo que no tiene mayoría parlamentaria. Ni que la coalición con Podemos tampoco la alcanza. Un Gobierno puede aguantar una mala racha como la muy sensible subida del precio de la luz. E incluso la incompetencia –al menos mediática– de la vicepresidenta del ramo. Pero lo que le deslegitima más es que su socio de coalición repita cada día que todo se debe a la incompetencia de los ministros socialistas o –peor aún– a su cobardía ante los grandes monopolios eléctricos.

Y el mismo socio, nada menos que Yolanda Díaz, la líder temperada de Podemos, celebra en público como una gran victoria “progresista” que el Gobierno (del que es vicepresidenta segunda) haya tenido que retirar el proyecto de ampliación del aeropuerto de Barcelona. Proyecto que su jefe jerárquico creía relevante para el progreso económico y para avanzar en la desinflamación del conflicto catalán, uno de los grandes problemas de España desde hace once años, cuando la sentencia “patriótica” del Constitucional sobre el Estatut.

ERC ha decidido no apoyar el proyecto (por inquietud ecológica, por populismo y por falta de liderazgo) y Sánchez ha decidido paralizarlo. Sin el aval de la Generalitat, Bruselas no lo habría aprobado. Lo más sorprendente es que JpC, el partido de Puigdemont, que aboga por dinamitar puentes, estaba a favor. Fue el vicepresidente Puigneró, de Junts, el que lo firmó. Y ahora, cuando se retira la inversión y Aragonés protesta contra Madrid, Junts dice que deben hacer frente común y votar contra los presupuestos de Sánchez. Parece el juego de los disparates, pero esta semana se debe reunir la mesa de diálogo y la discusión presupuestaria está cerca. A Sánchez no puede hacerle ninguna gracia y reunir a la comisión contra los delitos de odio no es ningún parche.

Pese a “los fundamentales” Sánchez tiene serias dificultades. Pero es que el líder de la oposición, Pablo Casado, lo tiene peor. Un recambio sensato en el Gobierno de España parece imposible. No hay tiempo hoy para abordarlo, pero las encuestas que le dan mayoría raspada dicen –todas– que el PP dependería mas de Vox que Sánchez de Podemos.

Que la alternativa sea un gobierno PP-Vox no es bueno para Casado. ¿Y para Sánchez? Continuará.

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