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Tino Pertierra

Solo será un minuto

Tino Pertierra

El reencuentro que vendrá

Adrián: “Los seres humanos, incluidos los que se esfuerzan por no parecerlo, tienen una inclinación natural, hacia los movimientos íntimos que los vinculan con la infancia perdida. Una nostalgia cadavérica por aquellos momentos luminosos –tan breves que parecían eternos– en los que ese tiempo en el que nos sentíamos protegidos y a salvo nos hacía pensar que el futuro nos pertenecía. Que seríamos capaces de conseguir todo lo que nos propusiéramos. Que encontraríamos almas gemelas que nos aportaran equilibrio, trabajaríamos en profesiones que nos ayudarían a desarrollarnos en todos los sentidos hasta llegar a una feliz jubilación, que tendríamos hijos a los que educar con paciencia, tesón, sentido de la justicia y una mezcla de exigencia y comprensión, siendo correspondidos con gratitud, entrega y esfuerzo. Y que todo confluiría en una etapa final serena, con achaques llevaderos y armonía entre nuestras renuncias y nuestras conquistas. Un paisaje idílico, casi una ensoñación. Claro: la vida te pone en tu sitio, y es saludable que sea así porque la seguridad, tenlo en cuenta, es un pasaporte al amortajamiento en vida cuando se da en exceso: no hay nada mejor para mantener en forma los engranajes vitales que no tener muy claro lo que vamos a hacer, ni lo que nos van a hacer. Si piensas que estoy entrando en fase de contradicción estás en lo cierto. Lo digo con la jactancia inofensiva de quien ha visto cómo la mayoría de sus castillos se los ventilaba el aire, pero que puede presumir de haber disfrutado del temblor de la incertidumbre ante nuevos desafíos, ante nuevas vidas que aparecen de la nada, ante nuevas heridas que abren espacios de los que no tenemos mapas. Sí: echo de menos al niño que fui, pero tengo la esperanza de reencontrarme algún día con él”.

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