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Faro de Vigo

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Afganistán, apocalipsis, mitos e hipocresía

Leyendo la avalancha de artículos sobre Afganistán, han surgido, por cierto, decenas de especialistas sobre la política internacional, uno tiene, en primer lugar, la impresión de que el reparto de poder en el mundo se ha alterado sensiblemente. Si Fukuyama pronosticó hace años que la historia se acababa porque Estados Unidos había vencido en la guerra fría, ahora casi estamos pasando al lado opuesto. Washington habría dado tal batacazo con su apresurada salida del país asiático que llega el momento de China mientras la estrella americana palidece. Hay algo de verdad en el ascenso de China pero demasiado fatalismo en lo segundo. Estados Unidos ha salido con el rabo entre las piernas pero no hay que considerarlo noqueado aunque el momento sea serio. Es cierto que Biden ha perdido prestigio y que la credibilidad de la nación americana se resiente no solo entre los adversarios sino entre sus aliados . Los fallos en la estrategia yanqui van a ser hábilmente explotados por sus enemigos.

El ridículo de la evacuación de Afganistán ha obedecido sobre todo a un mal cálculo de los servicios de inteligencia. Estimaron que el ejército local estaba bien armado y pertrechado y no captaron del todo que estaba podrido por dentro. La corrupción era galopante, el gobierno local hinchaba hasta el infinito el número de batallones de que disponía, se inventó hasta 46 de ochocientos hombres cada uno, con objeto de obtener una ayuda mayor de los americanos –recuerda los cursos de formación que montaba la Junta andaluza en la época de los Eres– y los talibanes, además, compraron la voluntad de diversos jefes y cargos políticos. Los sobornaron. Las fuerzas armadas se disolvieron, huyeron, y los talibanes alcanzaron Kabul cuatro meses antes de lo previsto. Hubo que montar a la carrera la evacuación. Más afortunada estuvo la Inteligencia americana pronosticando que en estos días habría un atentado que ha costado casi cien víctimas.

Ese conocimiento es el que ha llevado a Biden a acelerar la evacuación en contra de lo que sostenían algunos aliados. El presidente debía saber que el atentado, con uno o dos terroristas suicidas, un coche o camión cargado de explosivos que se lanza contra la muchedumbre a las puertas del aeropuerto o un stinger disparando contra un avión que aterriza o despega era algo muy factible y produciría una catástrofe humana y mediática (los talibanes poseen las armas americanas de las que se despojaran las fuerzas agfanas). Así ha sido.

Arrecian las acusaciones de que tres diferentes presidentes americanos y sus Jefes de estado mayor han estado ocultando la falta de resultados en la política seguida en Afganistán. Es sólo parcialmente verdad. Obama, Trump y Biden han podido autoengañarse o camuflar de algún modo la situación afgana pero tampoco han pecado de triunfalistas y en sus declaraciones han presentado un panorama con colores pero también, en ocasiones, con tintes poco optimistas. Sus militares tampoco han hecho siempre declaraciones rosadas. Ha habido de todo.

Al lado de ello hay una cierta hipocresía en aliados y prensa occidentales. Los servicios de inteligencia yanquis han pifiado, pero también lo han hecho los de poderosas naciones occidentales presentes sobre el terreno. No parece tampoco que se opusieran a otro fallo cometido, el de fijar una fecha de retirada sin haber evacuado ordenadamente los miles de personas que había que sacar por temor a represalias. Por otra parte y a lo largo de la presencia occidental en Afganistán los americanos siempre han apechugado con desplegarse en los lugares en que había guerra e insurgentes y los occidentales incluidos los alemanes en zonas más pacificadas. El número de bajas lo atestigua, España ha sufrido un centenar , otros países occidentales dos o tres centenares, Estados Unidos 2.461. La desproporción es brutal. No hay que olvidar tampoco, a la hora de recordar, que la factura humana y económica de Washington es mucho mayor que la suma de las de todos los aliados –han gastado un billón de dólares intentando desarrollar el país– y que en estos momentos aún tienen allí seis mil soldados que son los que han hecho posible que despeguen nuestros aviones y los que han perdido 13 hombres y 10 heridos en el atentado.

Por último es injusto y grotesco, mientras se ridiculiza a los americanos, sacar pecho afirmando que España “ha liderado” la maniobra de la evacuación. Es insultante para otros países. España ha transportado a 2.000 personas. Es encomiable pero Estados Unidos según las cifras recientes ha evacuado a más de setenta mil, Alemania a 5.300 , también Italia lo ha hecho, Qatar, Baréin, Kosovo prestaron sus territorios, Noruega, Australia evacuaron, etc... Me gustaría saber, sin conocer las cifras de Italia por qué España ha liderado a Estados Unidos y Alemania una con casi el triple y otra con cifras treinta y cinco superiores a nosotros. ¿Qué impresión causará a un estadounidense lo de nuestro liderazgo si sabe además que todos los que lleguen a Rota serán totalmente costeados por su país y que la proporción de refugiados que se instalará en su país será mayor a la de todos los otros aliados juntos?

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