Opinión

Estado de indolencia

En una charleta estival en la que hay servidores públicos sale el asunto del estado del Estado bajo la pandemia, o sea, de cómo ha afectado esta al funcionamiento real de la cosa pública. Alguien opina que se ha relajado sobre todo el control, la presión que, mal que bien, hace que todo funcione con arreglo a una agenda creíble y que el contenido de los trámites tenga de veras contenido.

Otro apunta que tal vez el teletrabajo haya dejado muchas rendijas por las que se va la presión, ya tan limitada en lo público. Otra cree que lo que se ha distendido, tanto en el sector público como en el privado, es el control en sí, la idea de obligación perentoria, un cable que se viene abajo en cuanto tenemos algo más importante encima. La última persona en intervenir dice que el problema está en que en el sector público la mentalidad vendría a ser la de un autopatrono con sueldo asegurado.

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