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el mundo por dentro

Estos imperios ya no son lo que eran

Estos imperios ya no son lo que eran, y el imperialismo de manual no se ve por ninguna parte. Aquí los únicos que meten la nariz con cierta eficacia en los asuntos ajenos son los hackers, unas veces por divertimento desafiante, otras por trabajo a sueldo de lo que llamábamos grandes potencias, y otras por pillar cacho. Si nos fijamos en el Imperio Británico: la gran reliquia que le queda es la Reina, en lo demás ha ido decayendo hasta llegar, incluso, a un Boris Johnson ¡Dios Salve a la Reina!, ¡y tambien al Reino Unido de su primer ministro! Tras desprenderse de todas sus colonias, e invitarlas a la Commonwealth, se fue con el rabo entre las piernas de muchos sitios, dejó conflictos irredentos en Oriente Medio y África y hasta en Afganistán.

Estos imperios ya no son lo que eran

Claro que luego vendrían las nuevas potencias imperialistas listas a recoger la herencia. En Afganistán, primero fueron los soviéticos, luego los americanos recubiertos de OTAN, o sea arrastrando a los aliados europeos, incluido España. Los rusos salieron a uña de caballo, y al paso se les cayó la URSS. Y ahora, han sido los norteamericanos, con el añadido de la OTAN, los que hemos tenido que salir por pies, pidiendo tiempo muerto. Dentro del acuerdo de retirada que añoró Obama, firmó el presidente Trump, y está aplicando otro, Biden. Lo dicho, estos imperios ya no son lo que eran. Este imperialismo rompe los moldes clásicos de los manuales, ¡no hay Lenin que lo reconozca! Ahora, hasta les reprobamos su retirada. ¡Vaya imperios tan poco imperiales! Estos imperios no saben moverse más que en el campo tradicional del invado o bombardeo, o te anexiono a no se sabe qué. La “ocupación del territorio” que dicen los clásicos de la estrategia prusiana. Sin embargo, los hackers, los metomentodos sin licencia, que se recorren los imperios por la columna vertebral de sus comunicaciones; los que cuando les rota hacen y deshacen archivos; o bloquean todo lo que se le pone por delante. algunos lanzan imperios, que se pueden llamar “Ali Baba”, Facebook, Amazon –estos son los conocidos– o los que quieran montar; de estos otros no conocemos más que sus efectos en las redes estatales y estratégicas de las grandes potencias.

A los poderosos les sigue interesando las riquezas minerales: ahora el litio –las mayores reservas mundiales–, las “tierras raras”, los lugares estratégicos de la nueva ruta de la seda, y simplemente seguir mandando. Las “tierras raras” son el denominador común de diecisiete elementos de la tabla periódica, son bastante comunes en la naturaleza, pero no se encuentran en concentraciones altas ni en estado puro. China ya produce cerca del 80% de las tierras raras que consume la industria de todo el mundo –pese a que extrae únicamente el 63%–, lo que le otorga una enorme ventaja estratégica con relación a sus principales competidores. Ahora, sin embargo, la fuerza militar, “última ratio” de los clásicos, no puede ser la primera, ni mucho menos la única, aunque sigue siendo la espada de Damocles sobre los “malos”. Ahora cuentan más, o son más decisivos, el peso de las redes, el control del espacio o el mando a distancia desde pantallas.

Tanto Europa como Estados Unidos tienen ganada la batalla ideológica mundial con los derechos humanos, la democracia y las libertades. Éste es el grave problema de China o de Rusia en su presentación y puesta de largo en sociedad, internacional. Si hay algo que los afganos han heredado de estos 20 años de presencia militar imperial es la vivencia en un régimen de libertades. Esta es la gran herencia que hemos dejado en Afganistán; es una experiencia que los jóvenes afganos no olvidarán nunca. Es que sus ciudadanos, pero sobre todo ciudadanas, han vivido en estos lustros unas libertades desconocidas para ellas, aunque también han sido el marco de las corruptelas y abusos de sus gobernantes. Las corruptelas y abusos seguirán, aunque se ocultarán más, porque creo son consustanciales al género humano; pero sin duda donde mejor pueden reprimirse y perseguirse judicialmente son en un régimen constitucional de libertades, no con las leyes coránicas o inquisitoriales.

Los jóvenes afganos que han vivido las libertades pronto se darán cuenta que no es un estado natural, y lo que no se defiende se pierde, pero tendrán que ser ellos quienes las defiendan. Al fin y al cabo, los sacros imperios occidentales y orientales cayeron carcomidos por las libertades republicanas, que dicen los franceses. Tiempo al tiempo.

*Sociólogo y periodista

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