Opinión

Agenda social

El escritor hondureño Augusto Monterroso dejó escrito el probable más redondo microrrelato de la literatura: “Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí”. Desde 1959, fecha de su publicación, esta imagen acompaña todas las ingratas tareas aplazadas o irresolubles; también a los fenómenos insólitos. El Gobierno de Pedro Sánchez tiene, tras la pandemia, el rescate de Kabul y lo que la actualidad quiera enviarnos, su propio e inamovible dinosaurio: la agenda social.

Bajo esta etiqueta se agrupan una serie de tareas pendientes que el gobierno de PSOE y Unidas Podemos se autoimpuso en su programa de gestión. Cerca ya de cumplirse el ecuador de la legislatura, el tiempo se acelera y la mochila de los deberes pendientes, lejos de aligerarse, continúa ganando peso. Es cierto que la pandemia no solo ha trastocado desde marzo de 2020 cualquier planificación previa, sino que ha multiplicado los nuevos frentes en los que el Gobierno debe desplegar sus esfuerzos. A las medidas estrictamente sanitarias, laborales (ERTE) y de parón de la economía hay que añadir el diseño de los planes para la reactivación, su definición, implementación y seguimiento: 140.000 millones de euros en subvenciones y préstamos que serán la base de una aún mayor movilización de recursos privados. Una tarea que, en sí misma, absorbería las energías de un Gobierno durante dos legislaturas completas.

“La pandemia no solo ha trastocado cualquier planificación previa, sino que ha multiplicado los frentes en los que el Gobierno debe desplegar sus esfuerzos”

Escribía Antón Costas, actual presidente del Consejo Económico y Social, que “el Estado social del siglo XXI tiene que orientarse a la igualdad de oportunidades”. El Gobierno de Pedro Sánchez, en su conjunto, comparte sin duda esta visión: es heredero de la Gran Recesión de 2008, de la revuelta del 15M en 2011 y de todos los damnificados que la austeridad de matriz calvinista dejó en la Europa endeudada del sur. Este Gobierno progresista llegó para aplicar otra agenda y, dentro de ella, recomponer el tejido de solidaridad roto.

La agenda social española ni es corta ni timorata en sus objetivos. Incluye la reforma de las pensiones, la derogación o al menos la contrarreforma laboral; la revisión del salario mínimo interprofesional; la nueva ley de Vivienda que atienda los alquileres, el incremento del ingreso mínimo vital y, añadidos ahora, las prórrogas de los ERTE y el recibo de la luz ante el invierno por llegar. Lo dicho: cuando el Gobierno despertó, el dinosaurio seguía allí.

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