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Sosa Wagner

Toros y alcaldesa

Se cree que nuestros alcaldes y otros gobernantes son personas iletradas que solo le dan al tuit y que leen pocos libros.

Siempre he defendido lo contrario y una prueba expresiva de ello es lo que ha ocurrido con la alcaldesa de Gijón a la hora de prohibir los toros en su jurisdicción. ¿Es esta señora una iletrada? ¿No conoce la gran admiración que poetas, pintores y otros artistas han sentido por la fiesta de los toros aunque fueran de derechas como Ortega, Pérez de Ayala, Lorca, Picasso o Alberti?

En absoluto, lo que ocurre es que esta ilustre municipal prefiere seguir la tradición eclesiástica al ser ella persona creyente y de honda religiosidad. Por eso sabe que Pío V, en el siglo XVI y en su bula De salutis gregis dominici, condenó con la excomunión al laico o eclesiástico que se le ocurriera asistir a un regocijo taurino. Por nada del mundo quiere quien ostenta la vara de mando que un gijonés incurra en una sanción canónica tan aflictiva.

Y no solo fue aquel Pontífice, también santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia en aquel mismo siglo, se dirigió a los fieles: “Os denuncio en nombre de Nuestro Señor que todos cuantos obráis y consentís y no prohibís las corridas de toros, no solo pecáis mortalmente sino que sois homicidas y deudores delante de Dios en el día del Juicio de tanta sangre violentamente vertida”.

Estoy seguro de que no hay día en que la autoridad municipal de la hermosa tierra asturiana no visite las páginas de la obra De spectaculis del Padre Juan de Mariana donde hay varios capítulos dedicados a fustigar la fiesta de los toros. “¿Quéreis sangre?”, preguntaba desafiante el jesuita, para contestar: “¡Tenéis la de Jesucristo!”. El problema es que Mariana fue contrario también a cualquier tipo de juegos escénicos o teatrales, por lo que más les vale espabilar a los empresarios del sector en el territorio donde ejerce su autoridad la señora alcaldesa de Gijón.

“Se cree que nuestros alcaldes y otros gobernantes son personas iletradas que solo le dan al tuit y que leen pocos libros”

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Esta actitud fieramente (ya que hablamos de toros) antitaurina se mantiene en otros clérigos de los siglos posteriores como el Padre jesuita Martín de Lanaja, quien se descolgó nada menos que con un Tractatus contra noxia et feralia spectacula agitationes taurorum, donde no deja títere con cabeza. A él deben añadirse los jesuitas casuistas que distinguieron con sutileza sobre si se incurría en pecado mortal o venial, si se podía dar la comunión a quien hubiera sido visto en un lugar donde se corrieran toros y otras delicadas cuestiones del más elevado interés teológico.

Hasta llegar al Padre Sarmiento, quien repara en el aspecto económico de los festejos, dimensión que ha sido tratada también estos días. El citado Padre argumenta que “no hay corrida que no tenga sus vísperas y su tornaboda. Quiero decir que cada una vale por tres días de ociosidad perdida o festiva”. A lo que agrega el erudito fraile la sustancia moral. “Añádase el libertinaje e indecencia de asistir a ella hombres y mujeres entreverados y aun unidos”.

Hay quien pensaba que esta era literatura olvidada. Pues no es así porque al menos se mantiene viva en los hábitos culturales de la alcaldesa de Gijón que se fía de Papas y Padres prestigiosos porque sabe que tienen hilo directo con Dios.

Como ella lo tiene además con el Dios del Progresismo Inclusivo y Transversal.

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