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Ceferino de Blas.

Opinión

Ceferino de Blas

La recuperación de Alfageme

Vigo tiene la peculiaridad de las ciudades especiales: el contraste. De Japón, que es el país donde mejor se aprecia, los viajeros regresan admirados del perfecto acoplamiento de pasado y futuro. Ocurre en Vigo, donde los deportes más de vanguardia de las urbes del futuro, que caracterizan el Marisquiño, o la red de viales para bicicletas y patinetes, las pasarelas mecanizadas y la estructura vertical, se dan la mano con la arquitectura industrial del siglo XIX.

El forastero que recorre la ciudad queda impresionado cuando tropieza con la estructura de Alfageme o se va acercando a las chimeneas de la panificadora, unos edificios tan espléndidos que superan a los singulares de los premios Pritzker de otras urbes, que empiezan a deteriorarse con el paso de los años. Porque Vigo posee un patrimonio fabril inigualable.

Lamentablemente desaparecieron muchos de los edificios característicos, como la conservera de Antonio Alonso, que construyó Genaro de la Fuente y visitaron la Infanta Isabel “La Chata”, y la Pardo Bazán. Del entorno industrial de Guixar, solo queda la fachada de la Metalúrgica.

Pero a Vigo le ha tocado la lotería: los dos edificios más fantásticos se van a conservar, la Panificadora y Alfageme. Serán restaurados y reacondicionados para darles nueva vida, una vida diferente. Es la mejor de las noticias que ha facilitado el Ayuntamiento, que llena de satisfacción a todos.

El último gran empeño intelectual de José Ramón Iglesias, el gran experto en Antonio Palacios e investigador de la arquitectura regionalista, fue publicar la historia de Alfageme, que uno de sus autores considera “el símbolo de la industrialización viguesa”. No fue fácil concluir el libro. Pero mereció la pena. Sus tres autores, Juan Carmona, Marina López y el propio José Ramón Iglesias, reflexionan sobre una empresa de referencia, dinamizadora de la economía viguesa en el siglo XX.

De Alfageme queda el recuerdo de una etapa histórica, económica y social pero sobre todo la presencia impresionante de su instalación fabril.

El Ayuntamiento ha decidido que mantendrá el edificio, lo que supone una suerte para todo Galicia. La Panificadora y Alfageme, son grandes símbolos de aquel pasado no solo de Galicia sino de España. Con la Artística –próximo gran reto–, y la fachada de la Metalúrgica, Vigo puede convertirse en el mejor museo de la arquitectura fabril de entresiglos. Son el póker patrimonial del Vigo industrial: la Panificadora, Alfageme, la Artística y la Metalúrgica. Unos edificios para recorrer en visitas guiadas, que diferencian a la ciudad de todas las demás.

Es fantástico que, antes de dejarnos, Moncho Iglesias pudiera presentar el libro “Alfageme. Historia e memoria”, en su espacio natural, Bouzas, pese al COVID, que chafa tantas buenas cosas.

La certeza de que permanecerá esta imagen fantástica de Vigo, que remite a la historia que caracteriza a la ciudad como industrial, es algo que ha entusiasmado a la inmensa mayoría. Y es un magnífico regalo que exista este libro sobre Alfageme, que pueden leer cuantos quieran enterarse de lo que supuso.

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