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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El desnivel

A la vista del aparente –ya se verá si no se trata de la excusa, habitual en el oficio, de la “mala interpretación”-– el señor presidente de la Xunta parece afectado por lo que algunos llaman ya “el síndrome de Moncloa”. Naturalmente, en su caso se trataría de una cepa diferente, una mutación a bautizar quizá como “el de Monte Pío”, que tendría como causa la larga permanencia en el poder y como efecto principal, la necesidad de cambiar de opinión demasiadas veces. Sobre todo cuando se trata de asuntos de tanta enjundia como, por ejemplo, el de los impuestos.

Y es que su señoría, en terreno tan complejo como la financiación autonómica –en el que, al igual todos los que implican conflictos, han aparecido multitud de “expertos”– que ahora el Gobierno del señor Sánchez pretende enfocar hablando de un “multinivel” cuando antes era “armonizar”, don Alberto Núñez ha pasado, casi en veinticuatro horas, de apoyar las tesis de la presidenta Ayuso a una idea que pretende estar a medio camino entre Madrid y sus tesis y Valencia –que acaba de exponerlas en línea con Moncloa-– y las suyas. O sea, in medio virtus est.

Lo hace, el jefe del Ejecutivo gallego, presuntamente desde esa postura que algunos llaman aristotélica porque se supone que la virtud, para serlo, ha de estar en lo que hay quien llama “centro”. El problema está en que en esos asuntos la equidistancia es imposible, y más cuando en el sistema español existen situaciones, como las del País Vasco y Navarra, que algunos llaman especiales y otros desiguales, con sistemas propios desde el fin de la dictadura. Y con uno más en vísperas, que será el de Cataluña.

Pues bien, a eso ni siquiera se le puede llaman armonización, y menos multinivel: como mucho, desnivel, perjudicial para la mayor parte en beneficio de la menor. Por eso quizá convenga en este punto insistir en la al menos aparente mutación del pensamiento fiscal del presidente de la Xunta. Hace unos días habló de bajar los impuestos, y hasta anunció un descenso para dinamizar la economía. Después pareció alinearse con su colega Ayuso al rechazar las maniobras hostiles del Gobierno central para con Madrid y ahora “mata” dos pájaros de un tiro: propone reducir el impuesto de Patrimonio y aumentar el de la renta. Caramba.

Desde la opinión personal, y con la obligada humildad de reconocer que el error propio es posible, hay dos observaciones más que hacer: una, para ratificar que las contradicciones, siquiera aparentes, son propias de la condición humana, pero cuando se está tan alto y en puestos tan decisivos como el señor presidente, hay que hacérselo mirar. La segunda, porque es posible que, al igual que quienes están durante mucho tiempo bajo fuego “enemigo” –en términos políticos, “adversario”–, se produzca fatiga de combate y cierta confusión, como no ver que en vez de multinivel, lo que amenaza es un desnivel entre unos pocos y los demás. De ahí que algunos, alguna vez, pensaran en limitar los mandatos. Aunque por ahora solo se quedó en eslogan.

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