Desde nuestros inicios la humanidad ha intentado comprender quién y cómo es un ser humano adaptado a la sociedad, personas comprensivas que buscan la convivencia y miran por el bien común; pero estamos definiendo nuestro anhelo más no nuestra realidad.

Si establecemos como medición las mismas leyes de la robótica (Yo, Robot; Isaac Asimov) para nosotros, cuál sería el veredicto:

Primera ley: Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

Segunda ley: Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.

Tercera ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Tristemente podríamos afirmar que exigimos más humanidad a los robots que a nuestra especie, ya que la historia nos demuestra que el ser humano es violento, ambicioso y egoísta; innumerables referentes que nos recuerdan que la lucha es la salida y que la violencia es el camino.

Ahora descubrimos que esa “forma de vida” tiene consecuencias devastadoras en nuestra juventud la cual, según los adultos, cada vez es más violenta y egoísta, exhibiendo comportamientos en los cuales no queremos vernos reflejados y por tanto no nos hacemos responsables. Culpamos a los videojuegos o a las películas, a las redes sociales y los músicos de trap, sin darnos cuenta que esas influencias no son creadas por los jóvenes usuarios sino por los adultos que decían mejorar el mundo. Enseñamos a nuestros jóvenes que la “violencia es mala”, pero constantemente estamos verbalizando el conflicto: batalla cultura, lucha de derechos, guerra climática, memoria histórica y un largo etcétera; sin darnos cuenta de que estamos creando una cultura de la violencia con la polarización de ideas y la falta de consecuencias ante estas actitudes.

Convivir con la violencia es parte del desarrollo de los jóvenes y la mayoría hemos mantenido el control de esos impulsos gracias a la educación en valores y la limitada exposición a otras culturas que perciben la violencia en contextos completamente diferentes a los “nuestros”. Hoy en día la comunidad de convivencia de los jóvenes no tiene fronteras intelectuales, lo que les permite conocer otras escalas de valores y alimentar distintos impulsos independientemente de sus raíces, lo cual plantea un nuevo reto para la humanidad: ¿es la percepción de la violencia igual para todas las culturas?, la innegable respuesta es NO.

Refiriéndose a la violencia Isaac Asimov afirma: “La violencia es el último recurso del incompetente”, si entendemos la incompetencia como la carencia de capacidad o de herramientas para afrontar una tarea, debemos asumir que la violencia no es el problema sino la consecuencia de nuestra escasa capacidad. Hemos limitado la capacitación de nuestros jóvenes a una frase mediocre que atrofia el propio impulso de superación: tú no pegues, pero si te pegan defiéndete; y sentimos que con eso es suficiente porque, en el fondo, todos los niños son buenos y son los adolescentes los que se vuelven violentos de forma casi “mágica”, transformándose en esos seres que no piensan y sólo se rigen por instinto.

Durante décadas hemos identificado las consecuencias como los problemas, por lo que hemos convertido la “lucha contra” en la forma de afrontarlos y nunca hemos profundizado en la importancia de educar en valores realistas y aportar herramientas útiles para nuestros jóvenes, que les permitan encontrar soluciones más allá de ser víctimas o verdugos.

Ahora tenemos el problema en casa y debemos empezar por reconocer nuestra incapacidad para esta tarea, entender que ellos no son los culpables sino los responsables de crear un nuevo concepto global de violencia, en el que la barrera cultural no afecte el escudo moral y todos se rijan por las mismas “leyes”; siendo nuestro obligación aportarles experiencias reales y conclusiones coherentes que sirvan para capacitar su habilidad de construir una sociedad mejor.

*Vecina de A Estrada e integrante de la agrupación Ocionautas.