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Joaquín Rábago.

¿Cuán serio es Sánchez con los objetivos del cambio climático?

Primero desautorizó con un comentario un tanto chulesco a su ministro de Consumo cuando éste recomendó a los ciudadanos reducir su consumo de carne para luchar contra el cambio climático y mejorar de paso la salud de todos.

Ahora, su Gobierno ha llegado a un acuerdo con el de la Generalitat para la ampliación del aeropuerto del Prat, asunto que despierta fuertes recelos en la población más próxima y al que se oponen los ecologistas y los partidos catalanes a la izquierda del PSOE.

¿Cuán serio, habría que preguntarse, es el dirigente socialista y actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su compromiso con los objetivos de la cumbre de París sobre el cambio climático?

Se habla de una inversión de 1.700 millones de euros y se asegura que la ampliación del aeropuerto de la capital catalana permitirá la llegada anual de más de setenta millones de viajeros amén de crear 85.000 puestos de trabajo. “Será el aeropuerto más verde de Europa”, promete el vicepresidente de la Generalitat, de Junts per Catalunya, partido de la burguesía antes nacionalista y hoy independentista, que fue el encargado de tratar el tema con la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno de la Nación.

El turismo de masas somete al mismo tiempo a las ciudades a presiones cada vez más fuertes y difíciles de soportar por los vecinos, y aquí solo se habla de ampliar aeropuertos

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¿“Verde” la ampliación de un aeropuerto para acoger anualmente a veinte millones más de viajeros y del que los ecologistas aseguran que tendrá un impacto muy negativo en el estanque de la Ricarda, corazón del delta del río Llobregat y espacio natural protegido por la Unión Europea?

Ocurre con la palabra “verde” lo mismo que con el vocablo “democrático” cuando se aplica a determinados partidos o con eso que llaman ahora “responsabilidad social corporativa”: son conceptos tan devaluados que no hay ya quien se los crea.

Asistimos a gravísimas inundaciones en la Europa más rica, vemos todos los días en televisión como arde el planeta, cómo crecen los desiertos, se funden los glaciares y los hielos polares y sube el nivel de los mares con temibles consecuencias para las pequeñas naciones insulares.

Se han identificado perfectamente las causas del calentamiento global, que van desde la quema de combustibles fósiles tanto en la industria como en la aviación hasta la deforestación imparable en provecho de la agricultura y la ganadería.

El turismo de masas somete al mismo tiempo a las ciudades a presiones cada vez más fuertes y difíciles de soportar por los vecinos, y aquí solo se habla de ampliar aeropuertos, también el de Barajas, y de una nueva conexión de alta velocidad entre los de Reus y Girona.

Convendría que nuestros gobernantes, que tantas veces ponen como ejemplo a Alemania, se fijasen en lo que allí propone ahora en su programa de gobierno el partido de Los Verdes, que tiene muchas posibilidades de integrar la próxima coalición en este país.

Quiere en primer lugar el partido ecologista más importante de Europa crear un ministerio de Defensa Ambiental con capacidad de veto de cualquier medida incompatible con el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Desean también Los Verdes potenciar la energía solar así como la eólica, esta última mediante la instalación de turbinas sobre todo en el Báltico y en el mar del Norte, obligar a que todos los edificios públicos o industriales tengan placas solares y prohibir las calderas de fuel oil.

Quieren asimismo fomentar el uso del ferrocarril en detrimento de los vuelos de corta distancia así como la investigación en torno a las nuevas tecnologías del hidrógeno a partir de fuentes renovables, y aumentar hasta los 60 euros el precio de cada tonelada emitida de CO2.

Todo ello generará también miles de puestos de trabajo. ¡Qué enorme contraste con lo que se propone aquí!

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