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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La adaptación

La adaptación

La adaptación

Suena bien, muy bien, la noticia que viene de publicar FARO de VIGO acerca de la decisión de la UE para adaptar una nueva PAC a la realidad de los países que participan en esa política agraria común. Sobre todo porque corrige algo que distaba no ya de la justicia, sino de la lógica: un esquema inicial en el que de algún modo se primaban las grandes explotaciones y por tanto a lor propietarios o empresas poderosas, que algunos interpretan con el antiguo calificativo de “terratenientes”, aunque quepan matices. Por fortuna Europa aplica el refrán español: rectificar es de sabios.

Es, la que precede, opinión personal, aún en cierto modo condicionada al análisis completo de los “detalles” del texto definitivo. Se sabe que, en cualquier tratado, hay que fijarse bien en su desarrollo, que se define como reglamento, y en ese sentido procede no olvidar lo que decía uno de los grandes caciques carpetovetónicos, de los que crearon escuela: el conde de Romanones. El mismo que exclamó ante una legislación que dañaba sus intereses algo así como “quédense con la Ley y déjenme el Reglamento”. Es todo un resumen, y a la vez, un aviso.

A partir de aquí, resultará útil esperar para asentar un punto de vista definitivo hasta que se pronuncien los empresarios que controlan, verbigratia en el sector lácteo, una parte notable del proceso de producción, distribución, venta y precios. Y la de los sindicatos agrarios, que tienen una tradición demostrada de algo que no abunda en otros, incluso de las mismas siglas: más atención al campesinado que a las disciplinas partidarias, dicho como observación y desde luego sin ánimo de ofender. Ya se sabe lo suspicaces que son algunos autoproclamados representantes.

En esa línea, es preciso aguardar también, y con la máxima atención, no sólo lo que diga, sino lo que haga la Xunta. Y en concreto la valoración de la Consellería de Medio Rural, que tiene acreditado un esmero significativo en cuestiones relacionadas con la estructura de la propiedad agraria en este Reino. Algo, por cierto, que parece olvidado entre tanta emoción tecnológica y proyectos avanzados: que el sector primario no quiere decir antiguo, y por ello poco menos que desechable, sino el primero de los que hay que cuidar. En interpretación libre, por supuesto.

Y, ya que se cita a la Xunta, parece útil manifestar cierta extrañeza por la aparición de signos de discrepancia en las ópticas: la de Medio Ambiente, por ejemplo –y no muy fundamentada, dicho sea de paso–, con respecto a la que rige don José González. Que podría ser sólo una anécdota, pero con diferentes y significativas lecturas. Porque en el oficio de la política, y eso no debiera olvidarse por ninguno de sus prtotagonistas, hay que cuidarse tanto del fuego “amigo” como del enemigo. En todo caso, procede insistir en que lo que llega desde Bruselas suena para los intereses agrarios gallegos. Y en cuanto hayan tenido que ver en ello el Ministerio de don Luis Planas o, quizá, también la Xunta, no cabe sino alegrarse. De haber sido sólo o sobre todo el primero, y aprovechando la ocasión, acaso merezca la pena recordarle al señor ministro que la pesca también existe.

¿Eh?

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