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Fidel Castro-Rodríguez

Un precio de electricidad inflado

El precio del mercado mayorista parece desbocado. En lo que va de año su media mensual casi se ha duplicado. Y en el mes de julio la tendencia continúa. El motivo de esta subida se encuentra en el mayor protagonismo de las centrales de ciclo combinado marcando precio horario, el incremento del precio del gas natural y la subida del precio del CO2. Como esos precios forman parte del coste de producción de los ciclos, su aumento hace que suban sus pujas en el mercado mayorista, y, como consecuencia, los precios crecen en las horas en las que son marginales. Todo indica que esa tendencia alcista viene para quedarse algún tiempo. Por un lado, porque los ciclos seguirán siendo esenciales como tecnología de respaldo, al menos mientras no se incorporen otras formas más baratas como el almacenamiento y la gestión de demanda. Por otro, porque es esperable que el precio del CO2 se mantenga o incluso suba, ya que la UE tiene intención de extender la obligación de adquisición de derechos de emisión a un mayor número de empresas emisoras.

Pero lo grave es que estos incrementos del precio mayorista hacen que suban unas tarifas eléctricas ya de por si infladas, tarifas que no están reflejando el coste real de suministro. Al menos mientras no culminen las reformas del mercado mayorista y de la tarifa iniciadas por el gobierno. El mercado mayorista tiene que cambiar porque su precio horario, determinado por la puja de la central marginal, retribuye a todas las plantas que hayan producido en esa hora. Alguien pensará, con razón, que esto es lo normal en un mercado competitivo dónde el precio que reciben todos los productores viene marcado por el coste marginal de la última unidad producida. La diferencia es que en el mercado mayorista español actualmente operan plantas de generación instaladas bajo marcos regulatorios distintos. En concreto, las centrales hidráulicas y nucleares fueron otorgadas en concesión bajo un marco regulador que garantizaba a sus inversores un precio suficiente para cubrir sus costes con un rendimiento razonable. A partir de 1997, cuando el precio pasó a fijarse en el mercado mayorista, el Gobierno estableció un mecanismo que garantizaba a dichas centrales el precio pactado hasta que fueran amortizadas (Costes de Transición a la Competencia). A día de hoy, sus propietarios cuentan con centrales con costes de producción inferiores al de otras tecnologías, pero que no son disputables, es decir, no es posible que otros productores puedan instalar plantas similares. Por ello, el precio sus KWh no debiera salir del mercado sino de una regulación que garantice la cobertura de sus costes. De esta forma, el mercado mayorista quedará solo para seleccionar las centrales que deben producir en cada hora y obtener un precio para las nuevas centrales replicables.

En cuanto a la tarifa, es necesario sacar de la misma aquellos costes relacionados con políticas públicas que debieran ser soportados por los PGE. La UE ya obligó a separarlos de los peajes de red. Denominados ahora como cargos, no representan costes achacables al suministro eléctrico, y su inclusión en el precio final está distorsionando la señal que debe guiar un consumo e inversión eficientes.

Hasta que no se realicen las reformas seguiremos pagando un precio por encima de lo que nos corresponde. Y nuestro bienestar y la competitividad de nuestro sistema productivo seguirán estando negativamente afectados.

* Profesor de Economía en la Universidade de Vigo. Miembro del grupo de investigación RGEAF y de la agrupación estratégica ECOBAS

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