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Mons. Alberto Cuevas Fdez.

Los niños y el Papa retratan a los abuelos

Un joven abuelete amigo me manda un wasap en el que se recogen simpáticas respuestas de niños de 6 a 8 años a la pregunta de ¿quiénes son los abuelos? Creo que algunas describen y resumen a la perfección, desde la filosofía infantil, muy parecidas reflexiones, a las profundas que quiere transmitirnos el papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y Personas Mayores, que ha determinado se celebre cada año el domingo más cercano al 26 de julio, fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y por ello abuelos adoptivos de Jesucristo.

En la encuesta que retrata a los abuelos un niño decía: “Los abuelos son un señor y una señora que como ahora ya no tienen niños propios, les gustan mucho los de los demás”; y otro añadía: “Son gente que no tienen ninguna cosa que hacer y solo están ocupados cuando nosotros vamos a visitarlos”. Sin saber nada de la encuesta admite y subraya el papa Francisco que efectivamente a muchos ancianos y mayores acuden ángeles a visitarles y acompañarles: “Incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: ‘Yo estoy contigo todos los días’”. Y sigue el Papa: “Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor –sobre todo los que están más solos– reciba la visita de un ángel! A veces tendrán el rostro de nuestros nietos, otras veces el rostro de familiares, de amigos de toda la vida o de personas que hemos conocido durante este momento difícil. En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!”.

Otro de los filósofos enanos recomendaba que “todo el mundo debe esforzarse en tener unos buenos abuelos, pues son las únicas personas que nos dicen que están contentas de estar con nosotros” ; y que “con ellos es muy divertido ir de compras y nunca te dicen ‘date prisa’”; “y son los únicos que te responden a las preguntas difíciles de dónde está Dios y si está casado…” .Me parece que el Papa tiene idéntica convicción que esos minipensadores encuestados, cuando invita a una intensa colaboración intergeneracional para dar “un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca” (Carta Fratelli tutti, 35). “En esta perspectiva, quiero decirte –prosigue el Papa hablando a los mayores– que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos –nosotros, y nuestros hijos y nietos– cuando la tormenta se haya calmado… Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. “Porque el futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando sueños de justicia, de paz y de solidaridad… Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta”.

Otra respuesta de mis admirados filósofos pitufos proclamaba que “los abuelos y las abuelas tendrían que vivir siempre“ y así me hacían relacionar tal deseo con las palabras del papa en su mensaje, ilusionando a los mayores con la idea de procurar no bajar la guardia jamás porque mientras hay vida hay tarea: “No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el evangelio, ni de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos…”.

¡Qué detallazo del Papa de inventarse una jornada de cada año para reflexionar sobre la hermosura de aplaudir, admirar y valorar a los mayores todos los días!

* Sacerdote y periodista

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