Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La crisis

La crisis

La crisis

De modo que, cuando ya todos –o casi– esperaban que la caída del virus proporcionase algún tiempo de sosiego a los contribuyentes, el susto de la “nueva ola” –dicho sea sin intención maligna– ha devuelto a muchos una sensación que iba remitiendo con las vacunas: la de que todavía hay mucho riesgo. Y no contribuyó al sosiego la actitud casi frívola de un Gobierno que pareció proclamar por segunda vez la victoria frente a la pandemia, ahora lo hizo desde la frivolidad de una ministra anunciando la eliminación de las mascarillas para exhibir sonrisas. Está comprobado que las caras cambian pero la insensatez de la ausencia de política coordinada y seria sigue. Y no se trata de mala suerte.

La Xunta, mientras, mantiene la serenidad y trata de ajustarse, o esa parece su intención. al propósito de compaginar en lo posible economía y salud. Por eso, al menos desde una óptica particular, hace encaje de bolillos para atajar el nuevo golpe del COVID sin destruir lo que queda de la hostelería y sobre todo para incentivar la sensación de que “Galicia es segura”. Que no solo suena a eslogan sino también es un salvavidas –en todos los sentidos– para lo que queda de año y el siguiente, ambos santos y xacobeos. Y que equivalen a una buena parte del futuro inmediato para otro sector clave, que es el turismo, y que sigue en crisis galopante.

Lo peor de todo es que las crisis no solo son plurales, sino que amenazan a la espina dorsal de actividades diversas en partes muy concretas de este país. Y que se afrontan solo con buenas intenciones desde el Gobierno autonómico y palabrería desde el central, tan sectario el nuevo como el anterior. No en vano el Noroeste estrecha filas para intentar al menos que no se repitan las cacicadas económicas del señor Sánchez en beneficio de sus socios y valedores. Ahora viene el reparto de fondos europeos, y será la prueba del algodón para aclarar si las esperanzas en la señora Calviño para que ponga orden financiero tienen fundamento o solo son otra pantalla tras la cual se ocultarán las intenciones reales de Moncloa.

Así las cosas, sería imperdonable limitar la necesaria reacción ante posibles daños directos y colaterales para Galicia como efecto de las crisis. Y en especial para el sur –detalle que alimentará las fobias de algunos poderes fácticos que aúllan cuando se niegan sus prioridades– a poco que se repasen los focos de riesgo. Desde el más que posible cierre de Celulosas de Pontevedra –alentado por un Gobierno local corto de vista– que puede arruinar el comercio capitalino y el puerto de Marín hasta la agonía de la construcción naval con Barreras y Vulcano a la cabeza, acaso porque a algún decrépito ideólogo lo privado le parece “colonialismo”.

Hay más, aunque no es intención completar un catálogo de horrores –y de errores– derivados de la falta de previsión y de respuesta en tiempo, forma y recursos. Es momento de recordar que la reclamación de una línea MAT –Muy Alta Tensión– para el Grupo PSA sigue sin atender del todo pese al aviso de la empresa. Y de insistir en que el episodio de la escasez de abastecimiento de material esencial para la producción puede repetirse, y de mencionar que la factoría de Vigo corre el riesgo de verse afectada por el hecho de que una de sus suministradoras está en trance de cambiar de propietarios, y eso siempre es una incógnita acentuada también por un cierto aspecto de guerra comercial entre proveedores. Hay más crisis, en desarrollo o en expectativa, y ojalá que fallen los pronósticos pero, por si acaso, procede insistir en que “jugar” –de cualquier modo– con la automoción es como apostar a la ruleta rusa.

¿O no…?

Compartir el artículo

stats