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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Doble desafío a la Unión Europea

Los gobiernos de Hungría y Polonia han lanzado un claro desafío a la Unión Europea, y hay quienes lo consideran una carga de profundidad más peligrosa aún que el Brexit porque afecta a los fundamentos mismos del proyecto de integración europeo.

La pasada semana, los jueces del Tribunal Constitucional polaco dictaminaron que no corresponde al Tribunal de Justicia de la Unión Europea inmiscuirse en la reforma judicial llevada a cabo en ese país. Y este agosto, el mismo tribunal deberá pronunciarse de modo más general sobre una moción del primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, según la cual la jurisdicción nacional tendrá siempre supremacía sobre la europea.

A juzgar por los antecedentes, no cabe ninguna duda sobre cómo se pronunciará ese tribunal, y ello supondrá una clara bofetada a la justicia europea. Para el expresidente del Consejo Europeo y hoy líder de la oposición polaca, Donald Tusk, se trata de un primer paso hacia la salida de Polonia de la UE.

Otros no lo ven, sin embargo, así y creen, como la exministra alemana de Justicia y hoy eurodiputada socialdemócrata Katarina Baley, que ni Polonia ni la Hungría de Viktor Orbán se atreverán a ello porque tienen mucho que perder. Hay quien apunta, por otro lado, al precedente negativo que supuso el recurso del Tribunal Constitucional alemán contra la compra de deuda por el Banco Central Europeo.

La Comisión Europea ha iniciado un procedimiento judicial contra Alemania por infringir las normas de la UE al impugnar una compra de bonos ya aprobada por el máximo tribunal de la UE. Pero en el caso alemán, es una sentencia concreta la que está en discusión mientras que en el polaco, se trata de una ley sobre el poder judicial que socava la independencia de los jueces y es incompatible con la primacía del derecho comunitario.

La Comisión ha amenazado con aplicar los mecanismos a su disposición para garantizar que un país cumple la legislación comunitaria, aunque hasta ahora no lo ha hecho ni con Polonia ni con Hungría. Podría, por ejemplo, suspender las ayudas comunitarias que recibe anualmente Polonia –doce mil millones de euros en 2019–, más del doble que el segundo beneficiado: Hungría.

"La Comisión ha amenazado con aplicar mecanismos para garantizar que un país cumple la legislación comunitaria, aunque hasta ahora no lo ha hecho ni con Polonia ni con Hungría"

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Y ahora está además el llamado fondo de reconstrucción europeo –un total de 672.500 millones de euros– de cuyo reparto podría excluirse a aquellos países que no acepten los valores europeos. Para recibir esos fondos, cada país tiene que presentar a Bruselas su propio plan de ejecución, y hasta ahora la Comisión no ha aprobado el del Gobierno de Viktor Orbán.

Según ha podido saber el semanario alemán “Der Spiegel”, hay dudas razonables sobre el destino de los fondos no reembolsables solicitados por ese país, sospechoso de prácticas corruptas por la Oficina Europea Antifraude. Hungría considera, sin embargo, que se la trata de castigar por la ley aprobada por su Parlamento y que prohíbe la promoción de la homosexualidad y de la reasignación de género en las escuelas del país.

Ley que mereció la condena de diecisiete países de la UE, entre ellos Holanda, cuyo jefe de Gobierno, Mark Rutte, llegó a invitar en una carta abierta a Hungría a que abandonara la Unión Europea. Según la antes citada exministra de Justicia alemana Barley, los Gobiernos de Hungría y Polonia no quieren salir de la UE, sino que se proponen más bien “disolverla desde dentro” por no compartir sus valores. ¡Grave acusación!

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