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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

Infraestructuras marítimas, Vigo y el culto al cargamento en la Melanesia

Durante la Segunda Guerra Mundial, los americanos fueron estableciendo una serie de bases aéreas en islas que no habían tenido apenas contacto con la civilización. Los aborígenes melanésicos observaron que las bases, con sus torres de control, eran capaces de atraer aviones que surtían a las tropas de alimentos y útiles de todo tipo. La conclusión a la que llegaron estos aborígenes era que, si replicaban torres de control y aviones hechos con palos y madera, los aviones acudirían a dichas réplicas de bases en miniatura en vez de hacerlo en las bases americanas. Esto se convirtió en una especie de religión que se conoce como “culto al cargamento”. Lo que sucede en Galicia en general y en Vigo de manera particular me recuerda mucho a esta situación melanésica. Vigo tiene uno de los abrigos naturales mejores del mundo para convertirse en un gran puerto y motor de toda una potente industria, pero la actitud general no es esta. A veces me pregunto si tenemos verdaderamente una cultura marítima como la de otras grandes potencias marítimas europeas. Creo que no. Nunca he oído ni a un holandés ni a un belga oponerse a la ampliación de sus infraestructuras portuarias en los puertos de Rotterdam o Amberes, pero en Vigo sí. Sin infraestructuras marítimas adecuadas no hay tráfico marítimo ni desarrollo industrial de ningún tipo.

Si en Vigo continúa la oposición a la ampliación de las infraestructuras portuarias y nos empeñamos en sembrar de astilleros de medio pelo (¡¡efectivamente me refiero a Vulcano!!) de tal manera que corten la posibilidad de expansión de los servicios portuarios vigueses que son prioritarios de acuerdo con la legislación de puertos, si continuamos creyendo que el naval es más estratégico para la economía viguesa que el tráfico de mercancías, creo que nos va a pasar lo mismo que a los aborígenes de Melanesia: que con el tiempo unas instalaciones portuarias inadecuadas tendrán el mismo efecto que las torres de control de madera de los habitantes de esas islas y de manera similar, los buques no vendrán a ellas. Lo peor es que la historia no se para y reacciona a estas instalaciones insuficientes, es decir los barcos se van a otros puertos que no tengan estos reparos ante las infraestructuras portuarias. Vigo tiene a medio y largo plazo importantes competidores por el norte y por el sur. Al norte está Ferrol, que ya ha acabado prácticamente sus comunicaciones ferroviarias directas con el puerto y por otro lado, A Coruña, que es puerto nodal, cosa que Vigo no es porque alguien lo decidió así. La consecuencia es que A Coruña tiene acceso directo a la financiación comunitaria y acabará resolviendo su comunicación ferroviaria antes de lo que pensamos y ello a pesar de su deuda. Por el sur tenemos Leixões y Sines que nunca ponen problemas a las ampliaciones de sus puertos y que pueden acabar a largo plazo llevándose el tráfico Ro-Ro. Desde luego que es lícito optar por una política minimalista con respecto al desarrollo portuario, pero eso, a mi juicio, tiene sus consecuencias que han de ser debidamente ponderadas. Desde luego dar prioridad a esta política y apostar por un naval decrépito en contra de servicios logísticos en plena expansión y que necesita la industria viguesa, puede llevarnos a la misma situación que los aborígenes de Melanesia que creían que con unas infraestructuras de madera serían capaces de atraer los tráficos que nunca vendrían porque se iban allí donde las infraestructuras eran de verdad. Las opciones son nuestras, pero luego no nos quejemos si no hemos analizado fríamente los resultados.

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