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José María de Loma.

Belleza ministerial

“De Marina aunque sea”, el clamor de los ministrables

Se produjo el desfile de ministras y ministros por los jardines y escalinatas de La Moncloa. La fórmula está un poco anticuada pero es cómoda para el espectador, que va cotilleando atuendo, andares, gestos, inseguridades y peinados. No siempre las apariencias engañan. Alguien que no saliera mucho de su casa pudo ver las imágenes del nuevo Gobierno una y otra vez en informativos, tertulias y magazines. Saturación. Se siente uno súbdito en bucle.

–Oiga, lo importante de un ministro es su gestión.

–Será cuando empiece a desarrollarla. Por ahora, por hoy, lo único que tenemos son fotos e imágenes como de párvulos ilusionados o adultos que mojan la ropa interior al ver como se les cuadra un ujier.

Algunos han comenzado a criticar al Gobierno antes de saberse los nombres que lo integran. Los ministros empiezan a experimentar el poder horas antes de la toma de posesión: les mandan al hotel un peluquero. El jefe de protocolo los asesora sobre cómo han de ir vestidas y vestidos, no vaya a ser que el de Cultura se presente disfrazado de libro, la de Educación vaya con una tiza o al de Justicia se le ocurra llevar la toga. A los exministros les habrá dejado de sonar el teléfono. La única llamada que recibe un exministro es para que devuelva el móvil. Nada fortalece más a la autoridad que el silencio, dijo Da Vinci. El moderno gobernante no piensa eso, dado que lo primero que suele hacer es nombrar un portavoz. Su función es quebrar el silencio y que se hable bien del Ejecutivo. Lo peor de ser ministro es convertirte en exministro. “De Marina aunque sea”, gritaba el clásico ministrable. Estos días fueron de nombramientos: las nuevas ministras y ministros dotando sus equipos, o sea, dando buenas noticias: “Manolo, que te vienes conmigo a Madrid”.

“Subsecretaría” es un sinónimo de felicidad. Hay quien mataría por una dirección general y direcciones generales cuyo titular parece que estuviera muerto. “Me pido Paradores” es otro clásico de la política. Pues está libre. La dirección general de esos establecimientos (“los costrones de pan se los hacemos al momento”) queda vacante. Tenemos nuevo Gobierno y ya ha pasado el margen de cortesía, cinco minutos, para criticarlo. La vida es lo que nos pasa mientras los gobiernos se empeñan en sobrevivirse. La novedad es el mensaje. Sánchez ha demostrado saber quién es la alcaldesa de Puertollano, lo cual lo emparenta con los empollones y no deja de tener mérito, siendo un hombre tan ocupado. En saber quién es quién.

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