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Antonio Touriño

Mirador de lobeira

Antonio Touriño

Sin mascarilla en la playa

Aunque todas las precauciones son pocas, cabe admitir que el uso de mascarillas en las playas es un cierto contrasentido y más todavía si desde ayer no son obligatorias en espacios al aire libre porque, dicen los sabios, que la incidencia COVID, con perdón de la variante Delta, va en picado a la entrada del verano.

Al fin volveremos a vernos las caras, pero sobre todo a respirar desde lo más hondo, lo cual es un verdadero alivio fisiológico para quienes llevaban meses deseando agujerear el tapabocas y aliviar esa función vital que les dejaba sin resuello.

Se echarán en falta memes y ocurrencias dispares como la del triquini del mismo color en la playa, incluyendo la pieza que enmascara, o la del paño húmedo en la boca tras un croll en la playa.

Pero quizás aún no sea el momento de olvidar las precauciones. Los alcaldes costeros deberían mantener ciertas cautelas en vez de levantar de golpe las restricciones como si nunca hubiera pasado nada.

Las parcelaciones, la retirada de las duchas por ser un foco de contaminación, la limpieza exhaustiva y sanitaria de los baños públicos deberían seguir vigentes este año en todos los arenales arousanos.

Si no fuere así, urge apelar a la conciencia de los ciudadanos además de a la razón de los que más saben sobre esto.

El virus Sars-Cov-2 está todavía presente, pero sobre todo continúa activo en forma de mutaciones, algunas tan graves como la que en India ha causado verdaderos estragos entre la población.

Desenmascararse alegremente puede ser un error que algunos pagarán tarde o temprano, pues aún queda mucho para que las autoridades sanitarias marquen las nuevas directrices.

En Galicia ni va a ser mejor ni peor. Lo fundamental es que los usuarios de las playas con Bandera Azul cumplan con todos los requisitos de acceso a unas playas que este año van a contar con más restricciones que servicios de ocio.

El propio presidente de la Asociación la Educación Ambiental y del Consumidor José Palacios admite la mayor seguridad de vivir al aire libre pero también quiere que los usuarios guarden la suficiente distancia si van sin mascarilla

La recuperación de los derechos ciudadanos tendrá una repercusión económica importante. Se está viendo en calles y plazas de las distintas localidades.

Por ello, conviene siendo útil aconsejar a los bañistas que planten su sombrilla en un lugar seguro, y en lugares sin aglomeraciones.

Urge ahora que los mayores sean solidarios con los veinteañeros a quienes no se les dió la posiblidad de inyectarse ninguna de las vacunas en oferta.

Ojalá no se conviertan los lugares de turismo en un “¡sálvese quien pueda!”, sencillamente porque un nuevo confinamiento provocaría un auténtico crack, que se debe evitar a toda costa.

Y en las playas se está viendo una cierta anarquía, como si nunca hubiera pasado nada. En algunas no queda sitio para otra hamaca, sombrilla o toalla.

El aire libre limita los contagios pero recuerden que cuando este entra en movimiento se llama viento. Y esa brisa también dispersa el virus, a veces lo desplaza a una velocidad de vértigo. Procuren la distancia, pues ese es el único modo de que las playas sean seguras, en vez de un foco de contagio.

Es solo prudencia, en un momento clave para que las autoridades no tengan que decretar el cierre de ninguno de los paradisíacos arenales de la costa arousana, donde hay sitio para todos.

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