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Fernando Granda

Fernando Granda

Teletrabajo comunitario, “callcenter”, viejas escuelas

El teletrabajo crece a gran ritmo, se va implantando, los medios de comunicación destacan la llegada de muchos extranjeros a instalarse en España, donde este tipo de labor aún está en mantillas. Y muchos urbanitas siguen buscando casa para ir a vivir en los pueblos y trabajar telemáticamente. Aunque siguen creciendo las grandes ciudades con barrios periféricos –solamente en Madrid se construyen hoy en ellos cerca de medio millón de nuevas viviendas–. El estrés que se genera en las grandes poblaciones está provocando la huida de mucha gente hacia la zona rural. Aunque, al tiempo, aparecen algunas dificultades. La España rural debe aprovechar la oportunidad.

El trabajo desde casa tiene ventajas como ahorro en tiempo de traslado, en gastos de transporte, evita ciertos madrugones y hasta gastos de indumentaria. Y en muchas labores se trabaja mejor, por ejemplo, sin ruidos de movimientos en grandes oficinas. Los inconvenientes surgen cuando la jornada no tiene límite, cuando las labores domésticas se mezclan con el trabajo (ruidos de algún electrodoméstico –lavadora, aspiradora...– en funcionamiento), cuando los descansos no están regulados, cuando otros miembros de la familia permanecen en el hogar (niños sin clase, visitas imprevistas…), cuando los gastos de conexión e instalación corren a cargo del trabajador. También cuando se ha de comunicar con otros departamentos de la empresa con distinta cobertura.

Empiezan a buscarse soluciones para remediar o paliar alguno de estos inconvenientes pero no todo tiene fácil apaño. La cuestión económica normalmente se negocia para compensar unos gastos con unos ahorros entre empresa y trabajador. Suele ser fácil llegar a una satisfacción entre ambos. Menores salidas puede haber a la hora de establecer límites a la jornada, aunque en países como Francia las leyes fijan horarios y restricciones fuera de periodos lectivos. Además, la tendencia actual camina hacia la conciliación familiar. Y se determinan y regulan tramos para descansos, almuerzos, etc.

El estrés que se genera en las grandes poblaciones está provocando la huida de mucha gente hacia la zona rural

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Las relaciones y el compañerismo tienen más difícil solución. Y ya suele ser uno de los mayores problemas anímicos del teletrabajo. El carácter de cada persona lleva a un comportamiento muy distinto si se trabaja en una oficina o se hace en casa, si se sale a charlar un rato con compañeros o se toma un respiro solo, sin las bromas de quien está en la mesa contigua o la anécdota del de más allá. El ambiente cambia totalmente en muchos casos.

Algunas de las soluciones se buscan en el traslado a pueblos tranquilos, a la zona rural, que además es económicamente más rentable. Claro que no todos los pueblos rurales tienen posibilidad de acoger teletrabajadores. La llegada de gente a teletrabajar suele obligar a instalaciones de servicios como torres eólicas o paneles fotovoltaicos, por ejemplo. Hoy día quizá se hayan acabado los vecindarios que rechazaban la llegada de extraños, de foráneos. Ha alcanzado tal extremo la España vaciada que miles de núcleos rurales se han quedado sin habitantes. La falta de servicios e incentivos ha expulsado a los residentes, obliga a emigrar, a marcharse a ciudades, a la cabeza de municipio, al extranjero. Aunque ahora se suspira en muchos casos por el retorno. Si hace unas décadas numerosos municipios optaron por deshacerse de los edificios de las escuelas que habían cerrado en favor de una concentración comarcal hoy quizá sería al revés. Las construcciones estaban semiabandonadas, medio en ruinas muchas de ellas y las corporaciones las sacaron a la venta, por sistema directo o por subastas. Casi las regalaron.

Otras municipalidades hoy las recuperan y convierten en centros de reunión, en teleclubes, en puntos sociales donde se celebran concejos vecinales, se ven programas de televisión de pago, se hacen fiestas o comidas, donde reciben visitadores médicos, funcionarios municipales, etc. Sobre todo en zonas de Galicia, Asturias, Cantabria, donde los municipios abarcan varios pueblos o pequeñas comarcas.

Pues bien, esos edificios recuperados y otros que todavía se puedan rescatar pueden servir para paliar algunos inconvenientes del “telecansancio” que aducen algunos de quienes han teletrabajado durante los confinamientos por la pandemia. Antiguas escuelas equipadas ahora con conexiones inalámbricas, servicios y dotaciones para ayudar a la convivencia pueden ser un remedio para albergar a trabajadores a distancia, sin los inconvenientes de hacerlo en casa, para unos costoso, para otros libres de labores hogareñas… Si en las grandes poblaciones proliferan los “coworking” (cotrabajo, compartir un espacio laboral) y los “call center” (compartir servicios), la oportunidad de muchos pueblos con la vieja escuela puede ser un incentivo para luchar contra la España vaciada, para aprovechar la España verde, para recuperar la vida de la España abandonada.

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